Trump desata la fiebre por Groenlandia: por qué Estados Unidos vuelve a querer la isla

Una disputa que parece salida de una novela de espías, pero tiene consecuencias reales para 57 mil personas. Cronología, razones y riesgos detrás del renovado interés de Washington en la mayor isla del mundo.

Mientras Groenlandia repite que «no está en venta», la Casa Blanca insiste en que el control de la isla es vital para la seguridad de Estados Unidos. Lo que se ve como un capricho presidencial es, en realidad, la suma de historia, bases militares, minerales críticos y una nueva competencia por el Ártico entre potencias. Aquí una cronología con fechas clave y un análisis directo y sin tecnicismos.

Cronología esencial

Fecha Hecho
Siglo XIX y principios del XX Registros de interés estadounidense por la isla en debates diplomáticos y estratégicos.
1946 El presidente Harry Truman ofreció 100 millones de dólares por Groenlandia. Dinamarca rechazó la oferta.
1951 Acuerdo entre Dinamarca y Estados Unidos que amplió la presencia militar estadounidense, naciendo la actual base de Pituffik (Thule).
2019 Reportes del Wall Street Journal revelaron que la Administración Trump discutió la compra de Groenlandia. La primera ministra danesa Mette Frederiksen respondió que «Groenlandia no está en venta». Trump canceló una visita de Estado a Dinamarca el 20 de agosto.
Diciembre 2024 Donald Trump nombró a Ken Howery como candidato a embajador en Dinamarca y afirmó que la propiedad de Groenlandia era «absolutamente necesaria» para EE. UU.
11 de enero de 2026 Trump declaró ante la prensa que «de una manera u otra, tomaremos a Groenlandia» para evitar que Rusia o China aumenten su influencia en el Ártico.
13-15 de enero de 2026 El primer ministro groenlandés Jens Frederik Nielsen rechazó la idea de integrarse a EE. UU. Dinamarca prometió reforzar su presencia militar y varios países europeos, incluidos Francia y Alemania, enviaron equipos de reconocimiento a la isla bajo coordinación con la OTAN.

¿Por qué Groenlandia genera tanta codicia?

  • Posición estratégica: Groenlandia domina rutas entre el Atlántico Norte y el Ártico y controla la brecha GIUK entre Groenlandia, Islandia y Reino Unido. Esa «puerta» es clave para vigilancia naval y aérea frente a amenazas desde Rusia.
  • Infraestructura militar histórica: La base de Pituffik sirve para alerta temprana y vigilancia espacial. Controlar o asegurar el acceso a esa base multiplica el alcance de defensa estadounidense.
  • Recursos minerales: Aunque solo dos minas están en actividad, Groenlandia alberga depósitos de tierras raras y minerales estratégicos. La UE identificó gran parte de esos minerales como esenciales. Compañías como Amaroq planean explotar yacimientos que incluyen tierras raras, zinc y metales críticos.
  • Cambio climático: El retroceso del hielo abre posibilidades de navegación y explotación, lo que acelera la carrera por presencia física en la región.

Qué dicen Dinamarca y Groenlandia

Dinamarca mantiene la soberanía sobre asuntos exteriores y defensa, y repite que Groenlandia no se vende. Los líderes groenlandeses insisten en que la población preferiría seguir vinculada a Copenhague antes que integrarse a Estados Unidos. La tensión subió en 2019 y volvió a subir en enero de 2026 tras las declaraciones públicas de Trump.

Reacción internacional

  • Francia, Alemania y otros socios europeos enviaron misiones de reconocimiento para evaluar la seguridad en el Ártico y mostrar apoyo a Dinamarca y Groenlandia.
  • Rusia advirtió que vigila la situación. China también ha aumentado su interés en el Ártico por rutas comerciales y recursos.
  • La OTAN entra en escena como foro para coordinar respuestas, pero la disputa subraya tensiones entre aliados sobre el equilibrio entre seguridad y soberanía territorial.

Impacto para la gente de Groenlandia

  • La economía local depende en gran medida de la pesca. La minería promete ingresos, pero viene con riesgos ambientales y sociales.
  • Una hipotética venta o cesión alteraría la vida cotidiana: leyes, servicios, tierras y derechos indígenas. La mayoría groenlandesa indígena ha dejado claro su rechazo a perder autonomía.
  • Mayor militarización puede traer empleo pero también inseguridad y fracturas sociales. El hielo no es el único patrimonio en juego, son comunidades enteras.

Obstáculos legales y prácticos

Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca. Legalmente una venta o anexión requeriría decisiones complejas en Copenhague y el consentimiento groenlandés. La comunidad internacional y el derecho consuetudinario dificultan cualquier solución unilateral de corte colonial.

¿Qué sigue?

  • Diplomacia intensa entre Estados Unidos, Dinamarca y Groenlandia, con la OTAN observando y participando.
  • Despliegues militares y misiones de reconocimiento europeas que buscan desactivar la idea de una anexión forzada.
  • Mayor escrutinio sobre proyectos mineros y un empuje por asegurar cadenas de suministro de minerales críticos sin sacrificar derechos locales.

Conclusión

La insistencia de Trump no es solo un capricho presidencial. Es la expresión moderna de una ambición geopolítica con raíces históricas: bases militares, minerales valiosos y la nueva geografía del Ártico. Pero la realidad política y humana complica cualquier solución rápida. Groenlandia no es un tablero vaciado para piezas extranjeras. Es un lugar con gente, leyes y una voz que hoy grita más fuerte: no estamos en venta.

Fuentes

Información compilada con base en reportes históricos y recientes de Wall Street Journal, agencias AFP y EFE, y crónicas y datos publicados por medios y autoridades danesas y groenlandesas. Datos de minería y recursos corresponden a estudios públicos y comunicados empresariales sobre proyectos en Groenlandia.

Con información e imágenes de: Milenio.com