¿Quiénes fueron presidentes cuando México fue sede mundialista?

Ciudad de México volverá a ser epicentro mundial del fútbol en 2026. El Estadio Azteca, recientemente remodelado y con un cambio de nombre tras una inversión privada, albergará la inauguración de una Copa del Mundo inédita por su formato de 48 selecciones y por celebrarse en tres países: México, Estados Unidos y Canadá. Repasamos quiénes eran los presidentes mexicanos cada vez que el país fue sede y qué carácter político y social tuvo cada torneo.

Resumen rápido

Año Evento Presidente en turno Contexto breve
1970 Mundial FIFA (masculino) Gustavo Díaz Ordaz Transición política tras 1968; torneo ícono deportivo con Brasil campeón
1971 Torneo femenil (no oficial) Luis Echeverría Hito para el fútbol femenino, no reconocido por los órganos oficiales
1986 Mundial FIFA (masculino) Miguel de la Madrid Crisis económica y ajuste; Maradona consagra su leyenda
2026 Mundial FIFA (48 selecciones, tridoméstico) Claudia Sheinbaum Inauguración en CDMX; retos económicos, seguridad y acuerdos binacionales

1970: Gustavo Díaz Ordaz, entre controversia y espectáculo

El Mundial de 1970 se celebró en junio, cuando Gustavo Díaz Ordaz todavía era presidente. El torneo pasó a la historia por el fútbol de alto nivel —el Brasil de Pelé se coronó con brillantez— y por partidos memorables como la semifinal entre Italia y Alemania Occidental, conocida como “el partido del siglo”, que terminó 4-3 en tiempo extra a favor de Italia.

Pero el contexto social era distinto al de la fiesta en los estadios. La administración de Díaz Ordaz arrastraba la herida de la masacre de Tlatelolco en 1968; la desconfianza hacia el poder y las fuerzas armadas siguió siendo un factor en la opinión pública. El Mundial aportó una imagen internacional de modernidad y capacidad organizativa, a la vez que el país enfrentaba tensiones internas que la reapertura del escenario global no borró.

1971: el mundial femenil que la FIFA no reconoció

En 1971 el Estadio Azteca recibió un torneo femenil que, aunque multitudinario y simbólico para la práctica del fútbol femenino —con más de 100 mil espectadores en el partido inaugural entre México y Argentina—, no fue reconocido por las autoridades oficiales del fútbol mundial de la época. El presidente en funciones entonces era Luis Echeverría.

Las jugadoras participaron en condiciones amateur y, según crónicas de la época, los organizadores se negaron a remunerarlas. A pesar de la falta de reconocimiento institucional, el evento fue un antecedente importante: mostró capacidad de convocatoria, puso en evidencia el interés popular por el fútbol femenino y dejó la lección de que la igualdad deportiva requiere reconocimiento formal y estructuras de apoyo.

1986: Miguel de la Madrid y un Mundial en tiempos de ajuste

Miguel de la Madrid era presidente en 1986, cuando México organizó por segunda vez la Copa del Mundo tras la renuncia de Colombia a ser sede. Deportivamente, el torneo consolidó la leyenda de Diego Maradona, con su “mano de Dios” y la consagración argentina ante Alemania Federal en la final. El Estadio Azteca volvió a ser escenario de la gran cita.

Políticamente y económicamente, el país atravesaba una etapa compleja: la crisis de la deuda externa y una caída de los precios del petróleo presionaron las finanzas públicas. La organización del Mundial implicó inversiones en infraestructura y seguridad, pero también estuvo condicionada por las limitaciones fiscales. A la larga, ese ciclo marcó parte de las transformaciones hacia una mayor apertura y reformas en la vida pública y electoral.

2026: Claudia Sheinbaum y la Copa tridoméstica

La edición 2026 será distinta: 48 selecciones, sedes en tres países y, según los planes anunciados por los organizadores, la inauguración en la Ciudad de México el 11 de junio en un Estadio Azteca remodelado. En términos presidenciales, según el calendario político que siguió al proceso electoral, el país estará en su segundo año de Claudia Sheinbaum.

Este Mundial llega en un contexto internacional y doméstico cargado: tensiones comerciales globales, retos en materia migratoria y cooperación en seguridad entre los países anfitriones, así como preocupaciones por el impacto económico y social de grandes eventos. Para la ciudadanía, las preguntas clave son prácticas: ¿qué legado dejarán las obras? ¿Se protegerán los recursos públicos y se garantizará transparencia en los contratos? ¿Mejorarán el acceso al deporte para niñas y jóvenes?

Qué observar y qué exigir como sociedad

  • Transparencia en la inversión: conocer cuánto costaron las obras, quiénes fueron los contratistas y cómo se supervisaron los procesos.
  • Legado social: programas deportivos sostenibles, infraestructura accesible y beneficios reales para las comunidades más cercanas a las sedes.
  • Seguridad y derechos: medidas que protejan a residentes y visitantes sin vulnerar derechos civiles ni desplazar a grupos vulnerables.
  • Fomento del fútbol femenil: aprovechar la visibilidad mundial para consolidar ligas, formación y salarios justos para las jugadoras.

El fútbol puede ser espejo y motor a la vez: muestra a México ante el mundo, pero también refleja contradicciones y oportunidades internas. Antes y después de los goles, lo que queda para la ciudadanía es exigir que los grandes eventos se traduzcan en mejoras tangibles y duraderas.

Fuentes consultadas: registros oficiales de los Mundiales FIFA, crónicas periodísticas de la época, estudios sobre Tlatelolco y la política mexicana de finales de los años sesenta y ochenta, y reportes sobre los procesos de candidatura y organización de la Copa 2026.

Con información e imágenes de: Milenio.com