Camila, la perrita chihuahua que conquistó la feria del libro y otros eventos culturales
Guadalajara. Camila, una chihuahua de ocho años originaria de Metepec, Estado de México, se ha vuelto una sensación en eventos culturales por su calma, sus disfraces y la facilidad con la que rompe el hielo entre asistentes y autores. Durante una presentación literaria el escritor Guillermo Arriaga la reconoció entre el público y, tomándose unos minutos, la presentó con una frase que muchos recordaron: «Ella y yo somos brothers». Al voltear hacia ella, el auditorio sorprendió al descubrir que no era una persona, sino una perrita que acompaña a su familia a ferias y presentaciones.
La familia de Camila —quien se presenta como su ‘papá’ y su ‘abuela’— cuenta que la perrita está certificada como animal de compañía y se ha convertido en una suerte de «agente de relaciones públicas»: «Gracias a ella conocemos a mucha gente», dijo a MILENIO el encargado. En la más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL 2025), decenas de asistentes les pidieron fotografías y la escritora chilena que los vio comentó: «Los perros y los niños pasan primeros a las firmas».
Una perrita con oficio y varios atuendos
Más allá de la simpatía, Camila destaca por su entrenamiento. Sus dueños relatan que asiste a obras de teatro sin ladrar y que coopera con los cuidados básicos que exige la vida pública. También es conocida por sus atuendos: ha usado desde un uniforme de cajera de Oxxo hasta un traje que recuerda al universo de Harry Potter, resultado de la creatividad de su ‘abuela’: «Mi mamá de repente encuentra un vestido y lo decora con su arte, y ya se lo ponemos», relata el ‘papá’.
| Evento | Ciudad | Atuendo destacado |
|---|---|---|
| Feria Internacional del Libro (FIL) | Guadalajara | Uniforme de cajera / Cosplay estilo Harry Potter |
| Ferias y presentaciones culturales | Oaxaca, Veracruz, Puebla, Chiapas | Vestidos personalizados |
Qué implica su presencia en eventos públicos
La entrada de Camila a la FIL no fue improvisada. La familia se aseguró con antelación: buscar hotel pet friendly, comunicar a la organización y presentar el certificado de compañía. Tras verificar la documentación, la organización le permitió el acceso sin mayores requisitos y la perrita respondió con tranquilidad. «Todo mundo la vio, a todo mundo alegró; caminamos y vimos eso en las caras de las personas», recuerdan.
El caso de Camila abre una conversación sobre la convivencia entre animales de compañía y espacios culturales. Por un lado, demuestra cómo un animal bien socializado puede enriquecer la experiencia pública: facilita acercamientos, genera sonrisas y sirve como puente entre desconocidos. Por otro, obliga a organizadores a establecer reglas claras sobre seguridad, salubridad y respeto al resto de asistentes: verificación de certificados, control de comportamiento, zonas designadas y protocolos ante emergencias sanitarias.
Entre afecto y responsabilidad
La familia utiliza la visibilidad de Camila para enviar mensajes de cuidado animal. La ‘abuela’ subraya que, pese a estereotipos sobre la raza chihuahua, la educación canina cambia la conducta: «Hay perritos educados para esto, porque normalmente la raza chihuahua es muy agresiva», explica, matizando un prejuicio con la experiencia propia. También piden a la ciudadanía que trate bien a los animales, independientemente de si son de compañía o callejeros, y hacen un llamado a las autoridades para fortalecer medidas de protección:
- Mayor regulación y facilidades para certificar animales de compañía en eventos culturales.
- Campañas de educación sobre tenencia responsable y respeto hacia animales y personas.
- Programas de protección y sanciones más claras contra el maltrato.
Lo que queda por delante
El caso de Camila es un ejemplo concreto de cómo la cultura y la vida cotidiana pueden entrelazarse con la tenencia responsable de animales. Para que experiencias como ésta se multipliquen sin generar conflictos, hacen falta reglas claras y accesibles para público e instituciones: políticas de acceso a espacios culturales, información sobre requisitos sanitarios y de conducta, y más programas municipales o estatales que promuevan la protección y el bienestar animal.
Camila seguirá viajando con su familia por distintos estados y, mientras tanto, le ha dejado a quienes la conocen una lección sencilla: un animal bien cuidado y socializado puede ser, además de compañía, un puente para acercar a las personas a la cultura y para recordar la importancia del respeto hacia los más vulnerables.
