Personas, lugares y cosas, una cómica adicción en el escenario
Ciudad de México. La obra Personas, lugares y cosas, de Duncan Macmillan, llega al Foro Lucerna con una propuesta que mezcla humor y dureza para hablar de adicciones más allá de las sustancias: desde el consumo de redes sociales hasta las estrategias de evasión que usamos para no enfrentar la vida. La actriz Ana González Bello y la directora Paula Zelaya, quienes vieron el montaje en Nueva York, traen a México una versión que apuesta por el teatro como espacio de escucha y reflexión.
“Habla del uso problemático de casi cualquier mecanismo de defensa que usamos para vivir, no solo las sustancias, sino cualquier tipo de distracción”, dijo Paula Zelaya en entrevista con MILENIO, citada por la producción. Para ella, la pieza expone tanto las formas dañinas que usamos para sobrevivir como las vías no dañinas que permiten reconectar con los demás.
La puesta en escena, presentada en el Foro Lucerna los lunes desde el 10 de noviembre y con funciones programadas hasta el 12 de enero, reúne a un elenco numeroso —12 actores en un espacio íntimo para apenas 130 espectadores— y plantea retos escénicos que la directora califica de “retador y divertido”. Entre quienes acompañan a Ana González Bello en escena están Lisa Owen, Alejandro Morales, Luis Eduardo Yee y Juan Carlos Medellín.
Una comedia que no se desliza en la liviandad
Macmillan escribe desde la ironía y la honestidad: el personaje central, Emma, es una “alma de la fiesta” y actriz que huye de su realidad hasta que ingresa a rehabilitación y se enfrenta a sí misma. Ana González Bello cuenta que la preparación del personaje combinó la investigación con testimonios reales y un trabajo riguroso con el texto y el espacio.
La obra alterna escenas de terapia de grupo, fiestas, antros y una clínica de rehabilitación, y esas transiciones son, precisamente, parte del motor dramático. “El texto es tan honesto que resulta chistoso”, resume Paula Zelaya. Esa ligereza calculada permite tocar asuntos densos sin caer en la moralina ni en la trivialización.
Por qué importa ahora
Más allá del valor artístico, la obra funciona como un espejo social. En los últimos años se ha reconocido que las adicciones no se limitan a drogas o alcohol: la Organización Mundial de la Salud ha incorporado y estudiado trastornos conductuales, como el juego patológico y otros problemas relacionados con el uso compulsivo de tecnologías. En México, encuestas nacionales sobre consumo (como ENCODAT) indican la persistencia del consumo problemático de sustancias y la necesidad de políticas públicas que integren prevención, tratamiento y reinserción social.
En ese cruce entre arte y salud pública, Personas, lugares y cosas aporta dos matices útiles: por un lado, visibiliza la complejidad de las adicciones —incluyendo las formas de «autoanestesia» digitales y de consumo— y, por otro, subraya la importancia de la comunidad y el acompañamiento para la recuperación. La obra, por tanto, no solo entretiene; interpela sobre cómo la sociedad escucha a quienes sufren y qué redes de apoyo existen o hacen falta.
El montaje: retos y recursos
- Espacio y formato: escenario íntimo para 130 personas; elenco de 12 actores, lo que exige una coreografía actoral y técnica precisa.
- Ritmo: duración superior a dos horas con un montaje que busca mantener fluidez y humor sin perder la gravedad del tema.
- Investigación: trabajo de campo de la actriz y la directora con testimonios reales y audios que nutren la verosimilitud del texto.
Claves prácticas
| Funciones restantes | lunes 29 de diciembre; lunes 5 y 12 de enero |
| Sede | Foro Lucerna (capacidad aproximada: 130 espectadores) |
| Precio | 500 pesos |
La puesta, producida por Tercera Llamada, llega al público como un ejercicio de empatía: invita a reír y a mirar de frente. En un país donde las políticas públicas sobre adicciones necesitan conjugar prevención, tratamiento y redes comunitarias, el teatro puede ser una herramienta para abrir conversaciones, reducir el estigma y promover la solidaridad.
Si decide verla, vaya esperando reírse y, después, quedarse pensando en cómo—en lo personal y en lo colectivo—cada uno de nosotros se enfrenta a los vacíos que a veces intentamos tapar con distracciones.
Fuentes: entrevistas con Paula Zelaya y Ana González Bello difundidas por MILENIO; referencias generales a estudios de consumo y la clasificación de trastornos conductuales de la Organización Mundial de la Salud.
