Eisenkot busca apoyo de partidos árabes para frenar a Netanyahu

El bloque de oposición liderado por Gadi Eisenkot ha convertido a los partidos árabes en la pieza clave de una negociación que puede decidir el rumbo político de Israel tras las elecciones del 27 de octubre. Con un récord histórico de 19 escaños para esas formaciones, el tablero parlamentario quedó abierto y ahora la movida de Eisenkot es intentar tejer una mayoría amplia que evite el regreso de Benjamin Netanyahu al poder.

Según reportes de Reuters y del diario Haaretz, las conversaciones se mueven entre formalidades y desencuentros. Netanyahu, por su parte, propone una coalición que excluya a los partidos árabes y no ha dudado en estigmatizarlos, acusándolos de “apoyar el terrorismo”, una estrategia que alimenta la polarización y que, según analistas consultados por Haaretz, busca movilizar a su base electoral.

La apuesta de Eisenkot no es solo táctica: es también simbólica. Integrar o al menos garantizar el apoyo legislativo de las formaciones árabes supondría un reconocimiento institucional a millones de ciudadanos palestinos con ciudadanía israelí que reclaman mejora en servicios básicos, vivienda, educación y salud. Para la ciudadanía, la diferencia entre una coalición que los incluye y otra que los margina puede traducirse en presupuestos para escuelas, hospitales y obras públicas en comunidades históricamente desatendidas.

Pero la ruta es áspera. En primer lugar, existe resistencia dentro del propio electorado de centro-derecha y del centro a aliarse con partidos que ciertos sectores ven como poco fiables en materia de seguridad. En segundo lugar, algunos partidos árabes exigen garantías claras sobre agendas sociales y el respeto a sus prioridades, lo que complica la negociación de carteras y políticas concretas.

El escenario recuerda a un rompecabezas: cada pieza que Eisenkot logre encajar acerca o aleja la posibilidad de un gobierno alternativo. Para evitar que la historia se convierta en un choque de identidades, analistas citados por The Times of Israel recomiendan transparencia en las negociaciones y acuerdos programáticos claros, no meras promesas de conveniencia política.

Las consecuencias para la vida cotidiana son palpables. Un gobierno que incorpore a los partidos árabes —aunque sea mediante pactos de apoyo— podría impulsar programas de bienestar social que alivien la presión económica sobre familias en municipios mixtos y árabes, mejorar el acceso a servicios públicos y reducir tensiones locales. Por el contrario, una coalición que excluya a esas voces puede consolidar políticas de exclusión y perpetuar desigualdades que alimentan resentimientos y deslegitiman la política.

Asimismo, la opción de aislar a los partidos árabes tiene un coste democrático y estratégico: empujar a amplios sectores al borde del sistema político aumenta la fragilidad social y limita la capacidad del Estado para abordar problemas estructurales, desde la vivienda hasta la seguridad comunitaria. Esa es la advertencia que figuras de la sociedad civil y columnas de opinión han planteado en Haaretz y otros medios.

En resumen, Eisenkot enfrenta un dilema clásico: optar por un pacto pragmático que incluya a minorías históricamente marginadas y que podría traducirse en cambios concretos para la vida de millones, o buscar un bloque alternativo que, aunque más cómodo desde el punto de vista ideológico, corre el riesgo de reproducir exclusiones y tensiones. La decisión no será solo política; será una prueba sobre si la democracia israelí puede ampliar su base de representación sin ceder a la lógica de la polarización.

Las próximas semanas serán decisivas. Los ciudadanos esperan no solo cálculos de poder, sino propuestas claras y medibles que mejoren su día a día. Como recuerdan fuentes como Reuters y Haaretz, la negociación no es un juego de suma cero: es, para muchos, la oportunidad de decidir si la política responde a necesidades reales o se encierra en consignas que profundizan la división.

Con información e imágenes de: France 24