Por qué pensión bienestar no paga aguinaldo a millones de adultos mayores

La confusión es tan común como molesta: muchas personas mayores creen que la ayuda bimestral de Pensión para el Bienestar equivale a un salario y por eso esperan un aguinaldo al terminar el año. La realidad es otra, y tiene consecuencias concretas en la economía doméstica de millones de familias.

Según la Secretaría de Bienestar, el programa es una transferencia no contributiva dirigida a personas adultas mayores de 65 años (con extensión gradual a 65 en todo el país) diseñada como respaldo económico regular. No es una remuneración por trabajo y, por tanto, no incorpora prestaciones laborales como el aguinaldo, que está contemplado como derecho de las y los trabajadores en la Ley Federal del Trabajo.

En términos sencillos: el aguinaldo es una nómina que la ley obliga a pagar a quien presta un servicio subordinado. La pensión social es un apoyo estatal para vulnerables, similar a una canasta de recursos y no a una liquidación salarial. Por eso el programa no contempla, por diseño legal, un pago extraordinario de fin de año.

El impacto no es menor. CON Eval y otros estudios sobre pobreza señalan que muchas familias dependientes de ese ingreso realizan su presupuesto mensual con márgenes muy estrechos. Para quienes viven al día, la ausencia de un aguinaldo se siente como perder la tabla de salvación justo cuando suben los precios y aumentan los gastos por fiestas y salud.

Las discrepancias también vienen por la coexistencia de regímenes: hay adultos mayores que reciben pensiones contributivas del IMSS o del ISSSTE y, en ocasiones, conservan percepciones asociadas a su régimen laboral que sí incluyen partidas extraordinarias. Esa diferencia genera percepción de desigualdad entre quienes sólo reciben la pensión social y quienes gozan de prestaciones ligadas a empleos formales.

En reportes y entrevistas, beneficiarios describen la situación con metáforas que hablan de dignidad y de bolsillo. Una mujer de 72 años, usuaria de bancos comunitarios consultada por este medio, dijo que la pensión «es como un colchón fino: amortigua, pero no evita que el cuerpo sienta cada golpe». Esa imagen resume el reto: el apoyo existe, pero no fue pensado para sustituir obligaciones laborales ni para ofrecer complementos de fin de año.

La Secretaría de Bienestar ha defendido el esquema por su cobertura: más de 10 millones de personas reciben algún apoyo bajo este y otros programas de bienestar, según cifras oficiales. Pero desde la perspectiva progresista y social, la obligación del gobierno no termina en la entrega periódica; también incluye explicar con claridad a quiénes protege cada instrumento y qué vacíos quedan por cubrir.

Las críticas razonables apuntan a dos frentes. Primero, la comunicación institucional: el mensaje sobre qué incluye y qué no incluye la pensión debería ser claro, permanente y estar disponible en lenguaje accesible. Segundo, la política pública: no es suficiente dar un ingreso bimestral si la inflación erosiona su poder adquisitivo. Programas de bienestar deben actualizarse para enfrentar la realidad económica y considerar medidas complementarias en momentos críticos del año.

Propuestas concretas que han planteado especialistas y activistas sociales incluyen otorgar apoyos extraordinarios focalizados durante temporadas de mayor gasto, revisar montos con base en inflación, y coordinar programas estatales y municipales para evitar huecos donde caen los más vulnerables. Es una agenda que exige voluntad política y presupuesto, y que la sociedad civil —y medios críticos como este— deben seguir empujando.

En resumen, la negativa a pagar aguinaldo no es un fallo administrativo aislado sino una consecuencia del diseño legal y fiscal del programa. Reconocerlo no es exculpar a las autoridades: la discusión debe moverse de la explicación técnica a la acción política. Si la pensión no es un salario, el Estado tiene la responsabilidad de garantizar que quienes dependen de ella no terminen el año en desventaja económica solo por no haber trabajado en el mercado formal.

Con información e imágenes de: informador.mx