Whatsapp cuestiona el machismo: hombres mexicanos revisan su violencia tras ataques

En un grupo de WhatsApp llamado Vatos Trabajando, unos 120 hombres intercambian experiencias incómodas, se señalan comportamientos agresivos y discuten cómo desmontar privilegios que durante años fueron vistos como normales. La comunidad nació como respuesta a una pregunta simple y urgente: ¿qué hacemos los hombres con lo que nos enseñaron sobre ser hombres? Según reportes de El País y Animal Político, iniciativas como esta han cobrado relevancia tras episodios de violencia escolar cuyos agresores habrían estado vinculados a comunidades digitales misóginas, como el caso ocurrido en Torreón.

El fenómeno no es nuevo: foros y grupos cerrados en redes sociales han servido como cámara de eco para ideas que normalizan la humillación y la violencia contra mujeres. Los investigadores citados por Animal Político señalan que esos entornos pueden radicalizar a jóvenes que buscan identidad y pertenencia. Ante ello, Vatos Trabajando apuesta por convertir WhatsApp —plataforma de mensajería privada y encriptada— en un espacio de rendición de cuentas entre pares.

La iniciativa mezcla ejercicios prácticos con conversación cruda: análisis de propias conductas, lectura de testimonios de mujeres y talleres informales sobre consentimiento. Un miembro del grupo cuenta, en términos generales, que muchas llamadas «bromas» que antes se toleraban ahora se detectan y se reprueban. La medida no promete soluciones mágicas, pero sí una cultura de vigilancia colectiva que demanda responsabilidad.

Hay limitaciones claras. Las redes cerradas como WhatsApp complican la detección institucional de contenidos peligrosos por su cifrado end-to-end, y las autoridades han mostrado capacidad limitada para identificar patrones de radicalización en espacios privados. El País ha documentado la dificultad de articular políticas públicas que combinen prevención, salud mental y regulación digital sin afectar libertades fundamentales.

Desde una perspectiva pública, lo que proponen activistas y especialistas es doble: más prevención en las escuelas y centros comunitarios, y protocolos que vinculen la detección temprana con recursos de atención psicológica y programas de masculinidad. Estas medidas requieren inversión y coordinación entre gobiernos, sociedad civil y plataformas digitales. Sin eso, los esfuerzos quedan como parches sobre una herida social más profunda.

La experiencia de Vatos Trabajando muestra que el cambio también puede venir desde abajo. Hombres que admiten errores, discuten lenguaje y ponen límites a amigos son ejemplos concretos de lo que las políticas públicas no siempre alcanzan. Como metáfora: no basta con apagar la chispa en el bosque; hace falta enseñar a las personas a no encender fuego.

Si algo deja claro el debate abierto por estos grupos es que la responsabilidad no es solo individual ni solo estatal. Es colectiva. La prensa, organizaciones civiles y las propias plataformas deben empujar a favor de espacios que no reproduzcan violencia. Como plantea Animal Político en sus reportes, reconocer el problema es el primer paso; el segundo es transformar rutinas y normas cotidianas.

Fuente: El País, Animal Político.

Con información e imágenes de: informador.mx