Tebas viajaría a China para salvar acuerdos tras la polémica por Mbappé
Barcelona. Javier Tebas, presidente de LaLiga, aseguró que permanece en comunicación constante con las autoridades chinas y mostró su disposición a viajar a Pekín si fuera necesario para “salvaguardar acuerdos” tras la polémica generada por las declaraciones de Kylian Mbappé, futbolista del Real Madrid, sobre Mao Zedong, según informó EFE.
La respuesta de Tebas apunta a contener un incendio que no es solo simbólico. China es hoy un socio estratégico para las grandes ligas europeas: derechos de televisión, patrocinios y giras de pretemporada mueven dinero que llega hasta los clubes modestos y a proyectos de cantera y formación. Así lo recuerda LaLiga cuando habla de “intereses económicos y sociales” en juego, según un comunicado que reproduce EFE.
Sin embargo, la decisión de enviar a su máximo responsable plantea interrogantes legítimos. ¿Debe primar la salvaguarda de acuerdos comerciales por encima del debate sobre la libertad de expresión de un deportista? ¿Es LaLiga la adecuada interlocutora para negociar en materia diplomática y cultural? La respuesta no es sencilla: hay que proteger los empleos y las retransmisiones que permiten el acceso del público, pero también respetar normas éticas y el derecho a disentir.
La tensión evidencia una realidad más amplia: los actores del deporte global caminan como equilibristas entre la retórica y la cuenta corriente. Cuando un jugador con visibilidad internacional hace una declaración sensible para otro país, el impacto se mide en audiencias, contratos y en la percepción pública. Los efectos no se limitan a las oficinas de las grandes ligas; llegan hasta los bares donde la gente ve los partidos, hasta las escuelas que reciben fondos y hasta los trabajadores de las cadenas que venden derechos.
Desde una perspectiva crítica, es razonable pedir más claridad institucional. Tebas y LaLiga deben explicar con datos qué acuerdos están en riesgo y por qué un desplazamiento del presidente sería la vía más efectiva. También conviene que los clubes asuman responsabilidad: la formación y la orientación cultural de figuras públicas es parte del deber profesional cuando su voz trasciende lo deportivo.
Por otra parte, la solución no puede ser puramente mercantil. Un enfoque constructivo implicaría facilitar canales de diálogo con las autoridades chinas, promover aclaraciones públicas que eviten malentendidos y, al mismo tiempo, defender principios básicos de libertad de expresión en el deporte. Las sanciones automáticas o las compras de silencio no resuelven el dilema democrático que subyace.
LaLiga, según EFE, dice moverse con prudencia para no perjudicar a sus socios ni al aficionado de a pie. Esa prudencia debe traducirse en transparencia: publicar el estado de los contratos afectados, detallar las medidas previstas y someter decisiones relevantes a un debate público que incluya a representantes de clubes, jugadores y aficionados.
El episodio deja una lección clara para el fútbol moderno: no bastan las cuentas equilibradas si no hay políticas culturales y formativas que acompañen a la globalización del deporte. Tebas se ofrece a viajar; la pregunta que queda en el aire es si ese viaje servirá para construir puentes o solo para apagar fuegos comerciales.
Fuentes: EFE, LaLiga.

