Imponente catrina de la CDMX supera a la de Jalisco y toma la ciudad
La Ciudad de México estrena una figura monumental dedicada al Día de Muertos que, según autoridades, superó la envergadura de la pieza instalada en Jalisco. La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México informó que la escultura, erigida en un punto céntrico de la capital, busca honrar la tradición popular, atraer turismo y abrir espacios culturales durante la temporada.
La pieza ha generado expectativa: vecinos celebran el regreso de la tradición en grande, mientras artistas y colectivos culturales preguntan por el proceso creativo, la calidad de materiales y la inversión que implicó. El Universal y Milenio han documentado la instalación y el montaje, que requirió permisos municipales y logística a gran escala.
En lo positivo, una obra de estas dimensiones es capaz de reactivar el comercio local, generar afluencia a museos y mercados cercanos, y poner en primer plano el patrimonio intangible que representa la catrina. Para muchas familias, verla de cerca es una forma de reconectar con la memoria y la ofrenda comunitaria.
No obstante, la crítica no ha tardado: colectivos de arte y algunos vecinos señalan que la prioridad en gasto público debe equilibrarse entre cultura y servicios básicos. ¿Se consultó a la comunidad? ¿Hubo transparencia en el uso de recursos? La Secretaría de Cultura asegura que la pieza forma parte de un programa cultural mayor, pero no todos recibieron esa explicación con claridad.
Además de la discusión presupuestal están los temas técnicos: seguridad estructural, accesibilidad para personas con discapacidad, mantenimiento a largo plazo y el impacto ambiental del montaje. Expertos consultados por El Universal advierten que las obras temporales grandes requieren planes de conservación y zonas de protección para evitar accidentes y deterioro prematuro.
El contraste entre la celebración cultural y las carencias cotidianas se siente en colonias cercanas. Comerciantes ven una oportunidad, pero hay quienes cuestionan que se priorice una pieza monumental cuando escuelas y centros de salud todavía reportan necesidades urgentes. Esa tensión obliga a la administración pública a explicar no solo el valor simbólico, sino las cuentas: costos, fuentes de financiamiento y beneficios sociales medibles.
La Catrina, más allá de su tamaño, pone en escena una pregunta ciudadana: ¿cómo hacemos que la cultura monumental sirva de motor para justicia social y mejora real en la vida de las comunidades? Si el estreno sirve para abrir mesas públicas, rendición de cuentas y proyectos culturales participativos, la obra podrá convertirse en un verdadero patrimonio ciudadano. Si no, quedará como una foto imponente y pasajera en el paisaje urbano.
Fuente: Secretaría de Cultura de la Ciudad de México; reportes de El Universal y Milenio.
