Multas con rumbo: cómo te pueden afectar los cambios a la Ley de Cultura Cívica en la CDMX

Ciudad de México. La reciente reforma a la Ley de Cultura Cívica de la Ciudad de México promete cambiar el foco: pasar de castigar por sistema a corregir y educar. El Gobierno de la Ciudad de México lo ha planteado como un giro hacia medidas educativas, orientación y reparación del daño, según comunicados oficiales y notas de prensa en La Jornada.

En la práctica eso significa que algunas sanciones económicas podrán sustituirse por cursos, trabajo comunitario u otras medidas restaurativas. Para conductas como arrojar basura, consumir alcohol en espacios no autorizados o publicidad no autorizada, la idea es ofrecer alternativas a la multa tradicional. La intención es legítima: imaginar la convivencia ciudadana como un taller más que como una cárcel de papeleo.

Sin embargo, el diablo está en los detalles. La experiencia en Ciudad de México y en otras jurisdicciones muestra que las multas «a la medida» pueden convertirse en cargas regresivas si no se aplican con criterios claros. Para una vendedora ambulante como María —quien pidió no usar su apellido— una multa aún con opción de trabajo comunitario puede traducirse en pérdida de tiempo productivo y en riesgo de perder ingresos esenciales. Aquí entra el punto crítico: las buenas intenciones necesitan garantías de equidad.

Los riesgos que señalan organizaciones civiles y columnistas de La Jornada incluyen la discrecionalidad policiaca, la falta de criterios publicados y la ausencia de mecanismos efectivos para medir resultados. Si la autoridad no transparenta montos, criterios de graduación ni cómo funcionará la conmutación por trabajo cívico, lo que parece innovación puede replicar viejos problemas: sanciones que golpean más duro a quienes menos tienen.

Entre los avances posibles está la reducción de cargas burocráticas para asuntos menores, la capacitación en resolución pacífica de conflictos y la posibilidad real de reparar daños a la comunidad. Esto, bien diseñado, puede reforzar la cohesión vecinal y disminuir reacciones punitivas que no resuelven la raíz de los problemas.

Pero la ciudadanía necesita herramientas para defenderse: exigir comprobantes de infracción, acceso a información sobre tarifas y procedimientos, y vías accesibles para impugnar sanciones administrativas. El Gobierno de la Ciudad de México debe publicar protocolos claros y estadísticas públicas para que no prevalezca la arbitrariedad. Periodistas y organizaciones seguirán la evolución con lupa, porque sin datos no hay evaluación posible.

La reforma a la Ley de Cultura Cívica puede ser una oportunidad para humanizar el orden público. Para lograrlo requiere transparencia, criterios igualitarios y controles que eviten que la «multas a la medida» sean solo un cambio de nombre para la desigualdad. Como señaló un análisis en La Jornada, la política pública se mide por su impacto en la vida cotidiana: pocas cosas frustran más que una sanción que llega cuando ya se perdieron los medios para subsistir.

Fuente: Gobierno de la Ciudad de México; reportes en La Jornada.

Con información e imágenes de: informador.mx