Netanyahu al borde: elecciones, Gaza y el 7‑O que pueden borrar su legado

Los israelíes vuelven a las urnas por primera vez desde los ataques del 7 de octubre de 2023, en una votación que, según Reuters y Haaretz, llega sin un claro ganador a la vista. Para Benjamin Netanyahu, estas elecciones no son sólo una batalla por el poder: son la última oportunidad para rescatar un legado construido durante décadas y ahora fracturado por fallos de seguridad, una guerra sangrienta en Gaza y tensiones internas que atraviesan la sociedad israelí.

El 7‑O marcó un antes y un después. Las críticas por la inteligencia y la respuesta militar han convertido aquel episodio en la piedra angular del debate público. Familias de las víctimas, que Haaretz ha seguido de cerca, exigen responsabilidades; votantes que antes apoyaban la mano dura hoy dudan. El argumento de seguridad que sostuvo a Netanyahu durante años cojea cuando la percepción dominante en amplios sectores es que el Estado falló a su principal misión: proteger a los ciudadanos.

La guerra en Gaza complica aún más el panorama. Los costes humanos y económicos, el bloqueo prolongado y las imágenes que legan al electorado generan desgaste político. Organizaciones internacionales y medios como Reuters han documentado el alto número de víctimas civiles y la presión diplomática sobre Israel, lo que obliga a los líderes a sopesar tácticas militares y costes políticos en un tablero cada vez más internacionalizado.

Otro factor clave es la movilización del voto entre los ciudadanos palestinos con nacionalidad israelí. Después del 7‑O y durante la guerra, aumentó el interés por participar como forma de expresar descontento y buscar representación. Según datos preliminares que cita el Israel Democracy Institute, una mayor participación árabe puede alterar el equilibrio parlamentario y frustrar los planes de coalición de la derecha.

En paralelo se disputa la cuestión del reclutamiento de los ultraortodoxos, un choque entre la tradición y la modernidad que presiona a partidos religiosos y laicos. Reformas y exenciones que favorecieron a estos sectores han provocado críticas por desigualdad y falta de servicio compartido. Haaretz ha cubierto protestas y debates que muestran que la cohesión social está lejos de recuperarse.

Si Netanyahu logra formar una coalición estable, su legado puede transformarse en historia de supervivencia política. Si no, el resultado podría ser la descomposición pública de un liderazgo cuya marca ha sido la seguridad nacional y la defensa del statu quo. Es una partida a contrarreloj donde cada voto pesa: rehabilitar la confianza exige transparencia sobre errores, propuestas concretas de seguridad civil y políticas que reduzcan la fractura social.

La elección, más que un plebiscito sobre una figura, decide el rumbo interno y exterior de Israel. Como recuerda Reuters, las encuestas no ofrecen mayorías claras, lo que hace prever negociaciones ásperas y gobiernos frágiles. Para los ciudadanos, la lección es simple y directa: la política que no atiende el día a día —salud, empleo, educación, seguridad efectiva— termina siendo arrastrada por las crisis. El 7‑O y Gaza han puesto ese principio en primer plano y exigen respuestas que vayan más allá de la retórica.

El país decide, y con él se juega el futuro inmediato de instituciones dañadas y la posibilidad de restaurar la confianza. Periodistas de Haaretz y reportes de Reuters dibujan un paisaje incierto: Netanayahu está contra reloj, y el reloj no perdona.

Con información e imágenes de: France 24