Alito apuesta a que la crisis en Morena le dará al PRI la mayoría

Dirigente priista ve en las disputas morenistas la oportunidad para 2027 y 2030

El dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno —conocido como Alito— aseguró esta semana que la pelea interna en Morena será «la chispa» que permita a su partido recuperar la mayoría en el Congreso rumbo a 2027 y consolidarse de cara a 2030. Según reportó El Universal, Moreno describió a Morena como un movimiento que atraviesa «una etapa de desesperación y disputas» y sostuvo que ese desgaste beneficiará a la oposición.

La afirmación no es sólo un acto de optimismo partidista. Tiene una intención estratégica clara: convertir la fragmentación del partido gobernante en capital político para recuperar, entre otras cosas, espacios legislativos y presidencias estatales que el PRI ha perdido desde 2018. En palabras sencillas, Alito apuesta a que las fracturas internas de Morena desinflen su cohesión electoral y abran brechas para los competidores.

Es cierto que Morena ha mostrado tensiones públicas en los últimos años, con disputas por candidaturas y liderazgo que han terminado en renuncias, impugnaciones y rupturas locales. Ese desgaste tiene un impacto directo en la vida cotidiana: cuando los partidos se enfocan en luchas internas, se descuidan políticas públicas clave como el acceso a servicios de salud, la inversión en educación y la gestión de seguridad pública.

Pero el diagnóstico de Alito merece matices. Recuperar la mayoría no depende sólo del declive del adversario, sino de la capacidad del PRI para ofrecer propuestas creíbles y conectar con las necesidades reales de la ciudadanía. Los votantes suelen castigar la mera táctica de oposición si no perciben alternativas claras y mejores en materia de bienestar social, empleo y combate a la corrupción.

Además, la fragmentación de Morena puede dar paso a nuevas coaliciones o a la recomposición del partido bajo liderazgos distintos; no es automático que la oposición capitalice ese espacio. La experiencia electoral reciente muestra que los electores responden tanto a líderes como a agendas: si el PRI centra su discurso en recuperar privilegios o en disputas internas, el beneficio podría ser efímero.

En este contexto, la responsabilidad pública es doble. Por un lado, Morena debe resolver sus diferencias sin sacrificar la gobernabilidad ni comprometer políticas públicas. Por otro, el PRI tiene la obligación de presentar propuestas de fondo que demuestren cómo mejoraría la vida de las personas en la salud, la educación y la economía local, en lugar de limitarse a un discurso de aprovechamiento.

Las próximas contiendas serán un termómetro de lo que ocurra: si la oposición capitaliza el descontento con ofertas concretas, la advertencia de Alito podría materializarse; si no, las peleas internas de Morena se convertirán en una oportunidad desperdiciada para el país. Lo que no puede ni debe perderse de vista es el costo ciudadano: la política de cálculo electoral rara vez resuelve los problemas inmediatos de las familias mexicanas.

Mientras los partidos se preparan para la carrera hacia 2027 y 2030, la pregunta para la ciudadanía es simple: ¿quién propone soluciones reales y sostenibles para mejorar la vida cotidiana? Esa será la medida más justa para juzgar si la «chispa» de la disputa política termina encendiendo mayorías o simplemente generando ruido sin frutos.

Con información e imágenes de: informador.mx