Brasil al filo: bolsonaro hijo y lula se juegan la presidencia

Con más del 98% de los votos escrutados y una diferencia de cerca de tres puntos, Flávio Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva se enfrentarán en la segunda vuelta del 25 de octubre, después de que ninguno alcanzara la mayoría absoluta requerida, según el Tribunal Superior Electoral. Informe de nuestra corresponsal, Valeria Saccone.

Lo que se percibió como una elección polarizada terminó por dejar al país en una expectativa tensa: dos modelos de gestión compiten por decidir no solo quién manda, sino qué tipo de Estado tendrán millones de brasileros en los próximos cuatro años. Con los números casi cerrados, la contienda promete ser una carrera de medidas concretas y promesas que impactan la vida cotidiana: empleo, ingresos de los hogares, salud pública, educación y seguridad.

Para la gente en las calles de Río y São Paulo, y en las periferias del interior, la discusión no es abstracta. El regreso de políticas sociales robustas, similares a las del Bolsa Família, figura entre las esperanzas de quienes dependen de transferencias para llegar a fin de mes. En cambio, quienes priorizan seguridad y mano dura ven en la agenda bolsonarista la promesa de orden, aunque esa apuesta conlleva riesgos para las instituciones y las garantías civiles, según expertos consultados por este periódico.

El Tribunal Superior Electoral mostró una foto casi definitiva del escrutinio, pero el resultado arroja más preguntas que certezas. ¿Cómo se reconstruye la confianza en instituciones erosionadas por años de polarización y campañas de desinformación? ¿Qué rol jugarán el Poder Judicial y el propio TSE en la mediación de conflictos postelectorales? Son interrogantes que no pueden soslayarse porque afectan la gobernabilidad y la inversión social.

En términos económicos, el escenario es igualmente incierto. El mercado mira con recelo las propuestas que prometen cambios abruptos en la política fiscal, mientras las familias prenden velas por estabilidad en los precios y por empleos que vuelvan a crecer. La política del petróleo, la política tributaria y el gasto social estarán en el centro del debate, con consecuencias directas sobre la inflación, el poder adquisitivo y los servicios públicos.

No todo es alarma. La campaña ya muestra señales de madurez democrática: convocatoria a debates públicos, fiscalización ciudadana y movilización de organizaciones sociales en defensa de derechos básicos. Sin embargo, hay que advertir sobre la tentación de los atajos institucionales. La prensa, los sindicatos, las organizaciones de la sociedad civil y los propios electores tendrán un papel clave para vigilar y exigir transparencia, sostiene Valeria Saccone desde Brasilia.

El 25 de octubre será una prueba de la capacidad del país para elegir sin renunciar a las reglas. Votar es el primer acto; fiscalizar, exigir políticas que mejoren la vida cotidiana y reconstruir consensos fragmentados será la tarea diaria después del balotaje. El reto es, en palabras de especialistas citados por el Tribunal Superior Electoral, transformar la disputa en políticas públicas que cierren brechas sociales y refuercen instituciones, no en más fractura.

Con información e imágenes de: France 24