Rafa márquez aviva la rivalidad con Estados Unidos: no es solo fútbol

“Quiero ganar ante cualquier equipo”, dijo Mauricio Pochettino y encendió un cruce que ya dejó de ser estrictamente deportivo. El técnico argentino de la selección de Estados Unidos lo afirmó en declaraciones recogidas por ESPN, y la réplica no tardó: Rafa Márquez, técnico del Tri, recalcó que no hace falta recordarle a sus jugadores “lo que significa” el duelo con el vecino del norte, según reportes de Reuters.

Lo que se juega en la cancha va más allá de un marcador. Para buena parte de la afición mexicana, los enfrentamientos contra Estados Unidos son una descarga de identidad nacional, pero también un espejo de tensiones políticas y sociales: migración, economía y percepción pública. Medios como The New York Times y análisis de centros como el Pew Research Center han mostrado cómo los asuntos fronterizos y las políticas migratorias se filtran en la narrativa deportiva y alimentan los símbolos que ambos equipos representan.

Eso no invalida la pasión; la potencia del futbol radica en su capacidad para unir. El problema aparece cuando dirigentes y cuerpos técnicos usan ese combustible sin responsabilidad. Llamar a la rivalidad “más que fútbol” puede movilizar, pero también normalizar discursos confrontativos que, en el peor de los casos, alimentan la xenofobia o desvían la atención de problemas estructurales del propio futbol mexicano: inversión en fuerzas básicas, transparencia en la Federación Mexicana de Fútbol y una liga que concentre recursos en el desarrollo juvenil. Expertos consultados por Reuters y ESPN han señalado que la épica de un clásico no sustituye a políticas públicas deportivas sostenibles.

En términos prácticos, la rivalidad puede ser útil. Si se canaliza bien, presiona a instituciones a corregir errores y a dedicar recursos a academias, entrenadores y salud de los jugadores. Si se gestiona mal, se convierte en espectáculo que esconde la desatención a temas como formación, infraestructura y protección social de quienes hacen posible el espectáculo: las comunidades, los niños y los técnicos locales.

El llamado, entonces, es doble. A Pochettino y a Márquez: que la épica se traduzca en responsabilidad; a la prensa y a las instituciones: que no celebren la tensión sin exigir resultados concretos; y a la afición: que use su voz para pedir transparencia y justicia en el deporte. El clásico puede seguir siendo ritmo y emoción, pero también puede ser la palanca para cambios reales. Si la rivalidad impulsa políticas públicas, inversión en juventud y más oportunidades en las comunidades fronterizas, entonces sí será algo más que fútbol.

Fuentes: Reuters, ESPN, The New York Times, Pew Research Center.

Con información e imágenes de: Latinus