Conmemoración masiva recuerda al 2 de octubre en la CDMX y reclama justicia

Miles de personas caminaron ayer desde la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, hasta la plancha del Zócalo capitalino en una movilización que combinó memoria, reclamo y organización social. La protesta, convocada por colectivos estudiantiles, organizaciones de derechos humanos y familias de víctimas, buscó mantener viva la exigencia de verdad y justicia por los hechos de 1968 y por las violaciones de derechos que persisten hoy.

Según reportes de La Jornada y testimonios recabados en el lugar, la marcha congregó a estudiantes, profesores, sindicatos, colectivos feministas y vecinos. Los participantes llevaron mantas con nombres de desaparecidos, fotografías históricas de Tlatelolco y consignas contra la impunidad. La Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX (SSC-CDMX) desplegó un operativo con vallas y presencia policial en las calles aledañas; autoridades y organizadores ofrecieron versiones diferentes sobre el número de asistentes.

En la Plaza de las Tres Culturas se escucharon discursos que alternaron la memoria histórica con reclamos contemporáneos: mayor protección a la libertad de expresión, investigación plena de abusos de agentes del Estado, y políticas públicas que prioricen la educación y la salud. El Comité 68, citado por medios como La Jornada, recordó que la fecha no es un aniversario para el olvido sino un llamado a transformar la relación entre ciudadanía y poder.

Una maestra jubilada, quien pidió no dar su nombre, dijo a este diario que participa «para que mis alumnos sepan que la memoria no es nostalgia, es obligación». Su voz —como muchas otras— insistió en que las conmemoraciones deben traducirse en cambios concretos: archivos abiertos, acceso a la verdad y reparación integral. Organizaciones defensoras de derechos humanos, incluida la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), han documentado en años recientes omisiones y rezagos en el esclarecimiento del caso 1968; esos informes fueron mencionados por varios oradores durante la jornada.

El trayecto hacia el Zócalo transcurrió mayormente sin incidentes mayores, aunque hubo momentos de tensión cuando pequeños grupos confrontaron a granaderos desplegados en puntos estratégicos, según El Universal. Algunas intervenciones artísticas y performances recordaron a las víctimas y denunciaron la militarización de la seguridad pública en distintos estados del país. Las consignas mezclaron lo histórico con demandas actuales: justicia para 1968, fin de la violencia contra las mujeres, investigación de desapariciones forzadas y presupuesto suficiente para la educación pública.

Desde la perspectiva institucional, la jefatura de Gobierno capitalina difundió un comunicado —reproducido por medios locales— en el que aseguró garantizar el derecho a la protesta y la seguridad de asistentes y transeúntes. Sin embargo, activistas y familiares señalaron que la presencia policiaca ocurre con frecuencia más como medida de control que de protección, una crítica que merece atención porque incide en la posibilidad de expresión ciudadana sin coacción.

La marcha también puso sobre la mesa problemas de política pública: la precariedad educativa, las brechas de acceso a la justicia y la falta de mecanismos eficaces de reparación. Estas preocupaciones conectan con datos y denuncias públicas documentadas por organizaciones civiles y medios de investigación, que muestran que la impunidad en casos de violaciones graves de derechos humanos sigue siendo un lastre para la credibilidad institucional.

En términos positivos, la movilización mostró la fuerza de una memoria colectiva que, más de cinco décadas después, sigue convocando a distintas generaciones. Jóvenes que nacieron mucho después de 1968 participaron junto a familiares de víctimas, lo que obliga a los poderes públicos a reconocer que los reclamos no son anacrónicos sino vigentes.

Queda, sin embargo, la pregunta sobre respuestas concretas. Si la conmemoración pretende ser más que un acto simbólico, las autoridades deben avanzar en apertura de archivos, garantías de no repetición y políticas públicas que atiendan las causas estructurales de la violencia y la exclusión. Como recordó un integrante del Comité 68 durante el mitin final en el Zócalo, citado por La Jornada, la memoria demanda actos: no basta recordar si no hay justicia.

La movilización terminó con un llamado a mantener la vigilancia ciudadana y la organización social. En la conmemoración estuvieron presentes tanto la tristeza por el pasado como el empuje por transformar el presente: una mezcla que, según participantes y medios como La Jornada y El Universal, volvió a sacudir las calles de la CDMX y a desafiar a las instituciones a cumplir su responsabilidad histórica.

Con información e imágenes de: informador.mx