Atención a la salud mental: secundarias y bachilleratos tendrán hora semanal para apoyo emocional
La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones pondrá en marcha una evaluación con enfoque preventivo que escuchará a los adolescentes sobre su estado emocional y su relación con las pantallas, y contempla que escuelas secundarias y bachilleratos incorporen una hora semanal dedicada a la salud mental.
La medida, anunciada por la comisión, busca mover el tema de la salud emocional del consultorio a la escuela, convertir el recreo en un espacio con herramientas concretas para identificar angustia, estrés o conductas de riesgo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre el 10 y el 20% de los jóvenes en el mundo sufren trastornos mentales en algún momento de la adolescencia, por lo que políticas públicas orientadas a la prevención son urgentes.
¿Qué implicará esa hora semanal? La comisión plantea sesiones orientadas a la detección temprana, talleres sobre manejo de emociones, educación para el uso responsable de dispositivos y rutas claras de remisión cuando un estudiante necesite atención especializada. La evaluación preventiva buscará además recopilar información directa de los jóvenes sobre su relación con las pantallas, un factor que estudios nacionales e internacionales asocian con insomnio, ansiedad y aislamiento cuando el uso es excesivo.
Lo positivo es evidente: convertir la escuela en un punto de contacto continuo puede facilitar que problemas que hoy llegan tarde al sistema de salud sean atendidos a tiempo. También puede normalizar la conversación sobre salud mental y reducir el estigma. Sin embargo, la iniciativa choca con retos prácticos: falta de personal capacitado, sobrecarga docente, y la necesidad de recursos para garantizar que esa hora no sea sólo un espacio simbólico sin seguimiento clínico.
La experiencia internacional muestra que los programas escolares funcionan cuando vienen acompañados de capacitación docente, protocolos claros, acceso a servicios de salud y evaluación independiente. Aquí la responsabilidad recaerá en instancias como la Secretaría de Salud y la propia Comisión para dotar de formación y presupuesto. Sin controles, una hora a la semana puede quedarse en charlas puntuales sin impacto real.
También hay dilemas éticos y de privacidad. Escuchar a los estudiantes implica proteger sus datos y garantizar que las respuestas no sean motivo de sanción o estigmatización. La comisión deberá explicar cómo se manejarán las evaluaciones, quién tendrá acceso a los resultados y cómo se coordinará con los padres sin vulnerar la confidencialidad de los adolescentes.
Desde la academia, voces como las de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han pedido siempre medidas integrales: reducir factores de riesgo en el entorno escolar, ampliar servicios comunitarios y invertir en salud mental pública. La comisión apuesta por la prevención; falta ahora ver si la política se traduce en inversión sostenida y supervisión independiente.
En la práctica, padres, maestros y estudiantes deberán participar activamente: acompañar, exigir transparencia sobre contenidos y resultados, y vigilar que la medida no sea una franja horaria más en la burocracia escolar. Si se hace bien, la hora semanal puede ser una semilla para escuelas más seguras emocionalmente. Si se hace mal, será otro buen anuncio que se pierde en la rutina.
La propuesta abre una ventana para repensar la escuela como espacio de salud pública. La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones tiene la responsabilidad de mostrar datos, protocolos y recursos. La ciudadanía, por su parte, debe exigir seguimiento y resultados.
