Exigen proteger las lenguas indígenas del borrado en internet

Ciudad de México. Desde la tribuna de la Cámara de Diputados, el integrante de la comunidad mixteca Moisés Hilario López urgió ayer a los legisladores a modificar la ley para impulsar el uso de la tecnología y la inteligencia artificial con el fin de preservar las lenguas indígenas y combatir la discriminación contra sus hablantes.

La alerta no es retórica: comunidades que llevan siglos transmitiendo historias y saberes corren ahora el riesgo de ver sus voces «desaparecer» en el entorno digital. Según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), México reconoce 68 agrupaciones lingüísticas nacionales; muchas de ellas tienen presencia reducida en internet y en los datos que alimentan los modelos de IA. Organismos como la UNESCO han señalado que la pérdida de una lengua equivale a la pérdida de una visión del mundo.

La denuncia que llevó Hilario López a la tribuna combina dos problemas concretos. Por un lado, la moderación automatizada y los algoritmos de plataformas pueden identificar erróneamente mensajes en lenguas originarias como spam, contenido ininteligible o incluso «no conforme» y eliminarlos. Por otro, los sistemas de inteligencia artificial suelen aprender de corpus dominados por español, inglés y otras lenguas mayoritarias, lo que margina y distorsiona a las lenguas indígenas cuando se intentan aplicar herramientas de traducción, reconocimiento de voz o generación de texto.

El resultado, advierten activistas y académicos citados en la Cámara de Diputados, es doble: invisibilidad y estigmatización. «Es como arrancar páginas de un libro compartido», dijo Hilario López, al pedir que las leyes obliguen a las empresas tecnológicas a incorporar criterios de protección lingüística y a facilitar el acceso a herramientas inclusivas.

¿Qué propuestas se manejan? En su intervención, Hilario López propuso tres líneas de acción: promover la creación de corpus comunitarios liderados por hablantes; destinar recursos públicos para digitalizar material educativo y cultural en lenguas originarias; y establecer mecanismos de supervisión para que las empresas tecnológicas no borren ni discriminen contenidos llevados por hablantes indígenas. Estas iniciativas apuntan a transformar la tecnología en aliada, no en censora silenciosa.

Desde la sociedad civil se señala que ya existen modelos positivos: archivos digitales gestionados por comunidades, proyectos universitarios y acuerdos con empresas para mejorar reconocimiento de voz en lenguas menores. Sin embargo, esos esfuerzos suelen ser fragmentados y carecen de un marco legal que los conecte y financie a largo plazo. Ahí entra la responsabilidad del Congreso y de las autoridades responsables de la política lingüística.

La cuestión también toca derechos fundamentales. Si la web y las plataformas se convierten en espacios donde no se puede hablar una lengua sin riesgo de eliminación o de incomprensión, se restringe el acceso a la información, la educación y la participación política de millones. En términos prácticos, significa menos contenidos en la lengua materna en salud pública, en trámites, en educación a distancia o en redes sociales donde jóvenes y mayores comparten identidad y generan comunidad.

La propuesta de Hilario López no pretende frenar la innovación, sino darle dirección. Regulación con sentido público, financiamiento a iniciativas comunitarias y auditorías de impacto tecnológico son medidas que, apuntan expertos que participaron del diálogo en la Cámara de Diputados, pueden compatibilizarse con la competitividad y la libertad de las plataformas.

Queda por ver si los legisladores toman en serio la advertencia. La discusión sobre tecnología y lenguas originarias puso en evidencia que las políticas públicas deben dejar de reaccionar con parches y avanzar hacia soluciones integrales. Como recordaron voces consultadas en la tribuna, proteger una lengua hoy es preservar el derecho de futuras generaciones a escucharse y reconocerse en internet.

Fuente: Cámara de Diputados, Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) y observaciones de organismos internacionales sobre la conservación lingüística.

Con información e imágenes de: La Jornada