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Turismo en la costa en alerta: caída de visitantes sacude a cancún, puerto vallarta y los cabos

Cancún, Puerto Vallarta y Los Cabos registraron una merma en llegadas durante el verano; autoridades y sector privado apuntan causas diversas mientras trabajadores locales sienten el golpe.

La imagen de playas llenas y hoteles a tope, que durante años fue sinónimo de la recuperación económica, dio paso este verano a una inquietud palpable en los destinos costeros. Datos oficiales y reportes de la industria señalan una baja en llegadas y ocupación en Cancún, Puerto Vallarta y Los Cabos, según la Secretaría de Turismo (Sectur) y los grupos aeroportuarios ASUR y GAP.

En la calle la diferencia se nota. María Torres, vendedora ambulante en la zona hotelera de Cancún, cuenta que este julio vendió menos artesanías que en la misma semana de 2023. «Antes había turistas en cada sombra, ahora pasan menos y se detienen menos», dice. Carlos Mendoza, recepcionista en un hotel mediano de Cabo San Lucas, asegura que las cancelaciones y la reducción de reservas por noches han obligado a recortar horas y contratos temporales.

Detrás de ese pulso están varias explicaciones que convergen. Primero, fenómenos naturales recurrentes: el sargazo volvió a afectar tramos de costa en Quintana Roo, lo que desalienta las actividades de playa y obliga a operaciones adicionales de limpieza que encarecen la oferta. Sectur ha reconocido el impacto del sargazo en la percepción del destino y en costos operativos.

En segundo lugar, la dinámica aérea: fuentes del sector aeropuertuario como ASUR y Grupo Aeroportuario del Pacífico reportaron ajustes en capacidad y itinerarios que reducen la oferta de asientos directos desde algunos mercados. Menos vuelos implica menos turistas de corto plazo, un factor sensible para destinos dependientes del turismo internacional.

El factor económico es otro motor. La recuperación postpandemia convive ahora con una inflación sostenida y el encarecimiento de paquetes turísticos y transporte. Analistas citados por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía INEGI apuntan que el poder adquisitivo de viajeros clave ha cambiado, y muchos optan por destinos más baratos o por viajes más cortos.

La seguridad y la percepción pública también pesan. Reportes y encuestas de opinión muestran que las alertas sobre incidentes aislados y la sensación de inseguridad impactan en la decisión de viaje de familias y grupos. El problema no siempre está en las cifras criminales sino en la cobertura mediática y la falta de comunicación clara de medidas preventivas por parte de autoridades locales.

Finalmente, hay un punto estructural que pocas veces se aborda: la concentración del modelo turístico. El predominio del todo incluido y grandes cadenas deja fuera a pequeños comercios, artesanos y pescadores. Cuando baja la llegada, el efecto en la economía local es más profundo y rápido, porque esos ingresos no están diversificados.

Las consecuencias son concretas. Sectur y asociaciones hoteleras han reportado menor ocupación en semanas clave, y trabajadores informales y empleos temporales son los primeros en resentir la caída. Para la economía municipal, menos turistas significan menos ingresos por servicios, más presión fiscal y riesgo de recortes en inversión pública.

Frente a esto, voces del sector proponen opciones de política pública: mejorar la coordinación para la contención y limpieza del sargazo con inversión sostenida; diversificar mercados emisores y productos turísticos para no depender tanto de un mismo perfil de visitante; fortalecer la promoción enfocada en experiencias culturales y sostenibles; y atender la seguridad con estrategias de largo plazo y comunicación transparente. La Secretaría de Turismo, según sus últimas declaraciones, trabaja en varias de estas líneas.

También hay iniciativas ciudadanas y empresariales que buscan amortiguar el golpe. Proyectos locales de economía solidaria, certificaciones ambientales y programas de capacitación para el trabajador turístico muestran que se puede buscar un turismo más resiliente y menos vulnerable a las oscilaciones estacionales.

La caída de visitantes en los tres destinos es, en pocas palabras, una señal de alarma. No es solo una cuestión de números; es un termómetro del bienestar de comunidades enteras. Sectur, ASUR, GAP, INEGI y las asociaciones del sector deben traducir datos en políticas concretas que cuiden el ingreso de divisas sin sacrificar empleos ni sostenibilidad. Para los habitantes, la tarea inmediata es proteger fuentes de ingreso y ampliar alternativas económicas más allá de la playa.

En un país donde el verano ha sido por décadas sinónimo de salvavidas económico para muchas familias, el reto es convertir esta baja en una oportunidad para repensar el modelo turístico, con enfoque social, trabajo digno y cuidado ambiental, tal como lo piden trabajadores y especialistas consultados. La economía local no puede depender de un solo oleaje.

Con información e imágenes de: Reforma