Sheinbaum reivindica a las fuerzas armadas desde el altar a la patria en el 179 aniversario
Ciudad de México. La presidenta Claudia Sheinbaum encabezó este lunes la conmemoración por el 179 aniversario de la defensa del Castillo de Chapultepec, acto que se realizó en el Altar a la Patria con la presencia del titular de la Secretaría de la Defensa Nacional. Según un comunicado de la Presidencia y otro de la Sedena, ambos reiteraron el compromiso de las Fuerzas Armadas con la soberanía nacional y la protección de la población.
El gesto simbólico recupera una historia que sigue siendo potente en el imaginario nacional: jóvenes cadetes que en 1847 dieron su vida en la defensa de la ciudad. En el acto oficial, la Presidente destacó la lealtad institucional y la necesidad de fortalecer la defensa del territorio, mientras el titular de la Sedena rubricó esa postura ante autoridades civiles y militares, según informó la Secretaría de la Defensa Nacional.
Pero la ceremonia también puso sobre la mesa tensiones que no desaparecen. En la última década las fuerzas armadas han pasado de funciones estrictamente castrenses a tareas de seguridad pública e infraestructura. Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y colectivos civiles han señalado los riesgos de esa transición cuando falta transparencia y rendición de cuentas. Esa crítica fue palpable entre algunos asistentes y analistas que vieron en el evento una reafirmación de la presencia militar en la vida cotidiana.
La escena en Chapultepec tuvo además un componente ciudadano: familias depositaron flores y turistas observaron el relevo frente al monumento. Para muchos, el homenaje es una cita con la memoria; para otros, la misma memoria reclama un debate sobre cómo se ejercen hoy las funciones del Estado sin erosionar controles civiles. Historiadores consultados por este diario recuerdan que recordar el pasado no debe servir para normalizar decisiones contemporáneas sin evaluación pública.
Desde el centro izquierdista crítico en el que se sitúa este periódico, el acto merece reconocimiento por honrar a quienes sacrificaron su vida, pero también una lectura crítica. Reafirmar la soberanía no es solo declarar lealtades en un monumento. Es garantizar derechos, supervisión democrática y políticas públicas que mejoren la vida cotidiana: seguridad que proteja a las comunidades, inversión en educación y salud para jóvenes en riesgo, y mecanismos claros para la rendición de cuentas de las fuerzas armadas, señalan expertos y organizaciones civiles.
La Presidencia y la Sedena difundieron sus mensajes oficiales; ahora corresponde al Congreso, a la sociedad civil y a las instituciones abrir el debate sobre hasta dónde llega el papel de los militares en una democracia que reclama tanto protección como transparencia.
