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Tribunal frena la acusación de la FGR contra exsubsecretario de Sedatu por contrato millonario

Un nuevo giro en el expediente conocido como la Estafa Maestra sacude otra vez la rendición de cuentas en México. Un tribunal federal anuló el proceso que la Fiscalía General de la República (FGR) seguía contra Enrique González Tiburcio, ex subsecretario de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), relacionado con un contrato superior a 100 millones de pesos. La decisión complica el avance de las investigaciones y alimenta la percepción de impunidad.

Según la resolución del Tribunal Colegiado consultada por este medio y los antecedentes documentados por la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el contrato en cuestión formó parte de una cadena de adjudicaciones irregulares que, desde hace años, han sido críticas al manejo de recursos públicos. El fallo del tribunal señala deficiencias en la integración de la carpeta de investigación, lo que obligó a dejar sin efectos las actuaciones penales contra González Tiburcio.

La FGR, como parte acusadora, queda ahora ante la opción de impugnar la resolución o revisar la investigación. Ese camino no es solo técnico: es político. Cada retroceso judicial erosiona la confianza ciudadana en la capacidad del Estado para sancionar el desvío de recursos destinados a servicios básicos y programas sociales. La Estafa Maestra no es un caso aislado; es un ejemplo de cómo los contratos y subcontratos pueden convertirse en laberintos que esconden el destino real del dinero público.

El impacto real no se mide en carpetas judiciales sino en lo que dejan de recibir las personas: vivienda digna, reurbanización, servicios públicos. Sedatu maneja programas que tocan la vida cotidiana de miles de familias. Cuando una investigación sobre contratos millonarios se deshace en tecnicismos procesales, las consecuencias materiales se traducen en plazas que no se construyen, en escuelas que no se reparan, en gente que pierde la confianza.

Organizaciones civiles y académicos consultados por este periódico han insistido en que no basta con ganar o perder juicios; se requiere reforzar la investigación administrativa y la transparencia proactiva. La Auditoría Superior de la Federación cuenta con reportes que documentan irregularidades, pero la ruta entre una auditoría y sanciones efectivas depende también de la solidez de las carpetas de investigación que turna la FGR.

La sentencia de este tribunal arroja varias lecciones claras: las fiscalías deben cuidar la calidad técnica de sus indagatorias, los órganos de control deben hacer públicas y comprensibles sus conclusiones, y la ciudadanía necesita mecanismos más sencillos para exigir cuentas. Si la justicia es un rompecabezas, cada pieza mal colocada puede hacer que la imagen completa nunca se vea.

En la práctica, la resolución obliga a revisar procedimientos y responsabilidades. La FGR deberá decidir si apela o reconstruye la investigación con pruebas más sólidas. La sociedad, por su parte, espera que no se convierta en una oportunidad para diluir responsabilidades sino en un llamado a mejorar capacidades institucionales.

Mientras tanto, la memoria pública guarda los nombres y las cifras: la Estafa Maestra y los contratos por más de 100 millones de pesos siguen siendo un recordatorio de que la transparencia y la justicia requieren más que denuncias; exigen instituciones capaces y comprometidas con sancionar lo irregular y reparar el daño al erario y a la confianza ciudadana.

Fuentes: Fiscalía General de la República, Tribunal Colegiado, Auditoría Superior de la Federación.

Con información e imágenes de: Reforma