Sheinbaum rinde informe en Veracruz tras asesinato de diputado y policías
La presidenta Claudia Sheinbaum presentó ayer su informe de actividades en Veracruz en un acto donde simpatizantes decidieron mantener la movilización pese a la inquietud por la ola de violencia que sacudió la entidad la semana pasada. La visita ocurrió siete días después del asesinato del diputado federal Zenyazen García y del homicidio de dos elementos de la policía que investigaban en Omealca, hechos que, según la Fiscalía General del Estado de Veracruz, ya forman parte de investigaciones abiertas por posible violencia ligada al crimen organizado.
En el acto, pobladores y seguidores corearon consignas y reafirmaron su apoyo, aun cuando en el ambiente se percibía desconfianza. Fuentes de la Presidencia de la República señalaron en un comunicado que la mandataria abordó temas de seguridad, desarrollo y programas sociales para la región. Sin embargo, familiares de las víctimas y líderes locales insistieron ante este periódico en la urgencia de respuestas claras y resultados concretos: menos discursos y más acciones que reduzcan el miedo cotidiano.
El doble golpe —el homicidio del diputado Zenyazen García y la muerte de dos policías en Omealca— ha tensado la percepción de seguridad. La Fiscalía General del Estado de Veracruz confirmó la apertura de carpetas de investigación y la colaboración con autoridades federales, pero no ofreció aún elementos que indiquen responsables ni móviles definitivos. Para muchos habitantes, la incertidumbre se siente en el transporte, en los comercios y en las escuelas: la violencia se mete en la vida diaria como una grieta que hace tambalear la confianza.
Desde una perspectiva crítica, la presencia presidencial pretende mostrar control y respuestas, pero también expone la fragilidad de las estrategias de seguridad en estados con alta incidencia delictiva. Organizaciones civiles consultadas por este medio piden que los anuncios vayan acompañados de recursos para capacitación policial, fortalecimiento de la fiscalía local y protección a testigos y servidores públicos. Sin medidas así, sostienen, las promesas corren el riesgo de quedarse en palabras.
Los simpatizantes que desafiaron la violencia no sólo expresaron respaldo político; reivindicaron programas sociales que, según la Presidencia de la República, han llegado a Veracruz. No obstante, varios testimonios recogidos en la jornada apuntaron a que la percepción de inseguridad condiciona la posibilidad de que esas políticas cumplan su objetivo: transformar la vida cotidiana de las familias. Un apoyo sin seguridad es, dicen, como plantar semillas en tierra agrietada.
Especialistas en seguridad consultados por este diario advierten que la respuesta debe ser integral: investigación eficaz de los homicidios —con transparencia de la Fiscalía General del Estado de Veracruz—, programas de prevención comunitaria y políticas públicas que atiendan la desigualdad económica que alimenta la violencia. También piden rendición de cuentas sobre el uso de recursos y evaluación independiente de los resultados.
La jornada en Veracruz dejó una imagen ambivalente: miles de personas aplaudiendo, y al mismo tiempo, familias que no han olvidado a sus muertos. Si la política pública busca transformar realidades, la prueba no será solo el informe leído ayer, sino la capacidad del Estado para reducir el miedo en la calle y garantizar que actos como los de Omealca no se repitan. Las investigaciones de la Fiscalía General del Estado de Veracruz y las medidas anunciadas por la Presidencia de la República serán, en los próximos días, la brújula para medir si las promesas tienen pie firme o si continúan flotando sobre la misma violencia que pretenden combatir.
