Dos hombres sobreviven nueve días tras riada en Nepal y aseguran que hay más personas vivas en el túnel

Dos trabajadores del proyecto hidroeléctrico Trishuli-3A fueron rescatados con vida este viernes 4 de septiembre, en el noveno día de un operativo desesperado tras la riada letal que sacudió Nepal el 26 de agosto. Ambos fueron trasladados a hospitales en Katmandú; según autoridades citadas por Reuters, uno de ellos se encuentra en estado crítico.

Uno de los sobrevivientes declaró a los rescatistas que todavía hay más personas vivas en el interior del túnel, una afirmación que revive la angustia de familiares y confirma la urgencia de la operación. Los equipos de emergencia luchan contra el lodo, la inestabilidad geológica y el tiempo para intentar llegar hasta cientos de empleados atrapados bajo tierra.

La escena en Trishuli-3A —un proyecto que debía aportar energía y desarrollo— se ha convertido en una metáfora amarga: infraestructura promesa de progreso y, en la práctica, un riesgo cuando las obras se levantan sin garantías suficientes para la seguridad laboral y la gestión de riesgos naturales. Voces de trabajadores y comunidades locales habían advertido sobre prácticas de seguridad laxas y sobreexposición de obreros a condiciones peligrosas durante la temporada de monzones.

Las autoridades nepalíes y los organismos internacionales se enfrentan ahora a dos frentes: la extracción técnica de personas enterradas en túneles colapsados y la necesidad política de rendición de cuentas. Reuters informa que las operaciones han sido complicadas por derrumbes secundarios y el acceso restringido a la zona en montaña, lo que obliga a emplear maquinaria pesada y protocolos de rescate de alto riesgo.

Este desastre también se inscribe en un patrón más amplio. Expertos en clima recuerdan que el calentamiento global está incrementando la frecuencia e intensidad de lluvias extremas en el sur de Asia, multiplicando la vulnerabilidad de proyectos en laderas y cauces. No es suficiente catalogarlo como “un evento natural”: hay decisiones políticas y empresariales detrás de cada obra, y estas decisiones determinan si las personas trabajadoras cuentan con refugios, planes de evacuación y sistemas de alerta temprana efectivos.

Mientras tanto, las familias de los obreros atrapados exigen información transparente y respuestas rápidas. Organizaciones laborales y ONG han pedido una investigación independiente sobre permisos de obra, protocolos de emergencia y condiciones laborales en las obras hidroeléctricas del país. Las preguntas son claras: ¿se priorizó la producción sobre la seguridad? ¿Hubo supervisión estatal adecuada?

La supervivencia de estos dos hombres trae alivio parcial, pero no debe distraer de la responsabilidad pública. El rescate ha mostrado la solidaridad de brigadas locales e internacionales, pero también ha puesto en evidencia la fragilidad institucional frente a desastres previsibles. Si las políticas públicas no se reforman para proteger a quienes construyen la energía que el país necesita, seguiremos viendo tragedias que podrían haberse evitado.

Según Reuters, las labores continúan y las autoridades han prometido incrementar recursos para el rescate. La pregunta ahora es si, más allá de la atención inmediata, habrá cambios reales en inspecciones, planificación y protección social para los trabajadores y las comunidades de montaña.

Fuente: Reuters

Con información e imágenes de: France 24