Funerales simbólicos sacuden nepal mientras el Estado rastrea a cientos en túneles de hidroeléctricas

Kathmandú, enviado especial — Miles de personas golpeadas por la riada que arrasó comunidades enteras en Nepal han comenzado a celebrar ritos funerarios simbólicos para despedir a sus muertos, incluso antes de que buena parte de los cuerpos puedan ser recuperados. Según el Gobierno de Nepal, y en declaraciones del Ministerio del Interior, aún se buscan «cientos» de desaparecidos que se cree quedaron atrapados en los túneles de varias instalaciones hidroeléctricas afectadas por el alud de agua y lodo.

Las escenas que trae nuestro enviado especial, Adrían Foncillas, mezclan el duelo íntimo con la protesta contenida. Familias que ya no reconocen lugares que fueron su hogar prenden coplas y ofrendas en orillas improvisadas, colocan fotografías cubiertas por polvo y agua, y queman incienso como si el acto devolviera algo de orden a un paisaje convertido en caos. «Es como enterrar la memoria para poder seguir», cuenta una vecina de la provincia de Karnali a Foncillas, con la mirada fija en un río que ahora corre marrón y silencioso.

Equipos de rescate internacionales de Corea del Sur, China e India se han sumado a las labores sobre el terreno, informa la Agencia Reuters citando fuentes oficiales. Las operaciones se concentran en el entramado subterráneo de las centrales: túneles de desvío, cámaras de compuertas y galerías que, según técnicos consultados por la ONU, carecían en algunos tramos de señalización y mantenimiento adecuados para una evacuación rápida ante inundaciones extremas.

El drama humano convive con preguntas sobre la prevención y la gestión de riesgos. Voces de ONG y expertos en gestión del agua señalan que la expansión acelerada de proyectos hidroeléctricos, sin supervisión estricta de estándares de seguridad y planes de contingencia, aumenta la vulnerabilidad. «No se trata solo de una catástrofe natural; es también una suma de decisiones públicas y privadas que no priorizaron la vida», opina un especialista en gestión de riesgos consultado por este diario.

El Gobierno de Nepal ha movilizado equipos militares y de emergencia para las búsquedas en profundidad y ha pedido ayuda internacional, pero los pobladores denuncian retrasos en las alertas y en la evacuación preventiva. Familias que pudieron escapar relatan que no recibieron avisos claros y que las sirenas de algunas plantas no sonaron a tiempo. «No hubo luz ni señal, solo el ruido de la corriente que venía», relata un joven que perdió a seis familiares y que habló con Adrían Foncillas durante la jornada.

En los campamentos de emergencia, la ayuda llega en cargamentos coordinados por el Gobierno y organizaciones internacionales, pero la distribución es desigual. Médicos y voluntarios advierten problemas de salud pública: agua contaminada, brotes de enfermedades gastrointestinales y problemas de salud mental entre sobrevivientes. La ONU y varias ONG han pedido fondos adicionales y una respuesta sostenida que vaya más allá de la emergencia inmediata.

Desde una perspectiva política, la catástrofe abre una discusión sobre rendición de cuentas y planificación territorial. Algunos líderes locales exigen investigaciones independientes sobre la operación de las represas y túneles, y piden que se revisen permisos y estudios de impacto ambiental. «Es imprescindible que haya transparencia, que se auditen proyectos y que las comunidades participen en las decisiones que afectan su futuro», reclama una concejala local citada por el Ministerio del Interior.

Mientras tanto, las ceremonias simbólicas cumplen una función social y terapéutica: permiten a las familias nombrar la pérdida, mantener la intimidad del duelo y reclamar respuestas públicas. «Estos funerales son un espejo: nos muestran lo que el Estado no ha podido devolver», escribe Adrían Foncillas desde el terreno, describiendo cómo las comunidades mezclan plegarias con consignas por justicia y reparación.

La tragedia en Nepal recuerda que la resiliencia no es solo técnica sino política. Más allá de los helicópteros que buscan cuerpos en galerías inundadas, hará falta coherencia en políticas de prevención, inversión en sistemas de alerta temprana, mantenimiento de infraestructuras críticas y protocolos claros de evacuación que incluyan a la población. Fuente oficial del Gobierno de Nepal y organismos internacionales coinciden en que esta es una tarea urgente si se quiere evitar que el próximo desastre vuelva a encontrar a la población desprotegida.

En medio del luto, las voces de las víctimas piden algo más que consuelo: exigen respuestas, medidas y acompañamiento sostenible. Para muchas familias, los ritos simbólicos son el primer paso de una larga búsqueda de verdad y de reconstrucción comunitaria.

Con información e imágenes de: France 24