Velasco viaja a China para buscar inversión y protección frente a tensiones comerciales

El titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Velasco, partió esta semana rumbo a China para sostener una reunión con su homólogo Wang Yi, confirmó la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en sus redes sociales. La agenda oficial habla de diálogo político y cooperación económica, pero en el fondo está la urgencia de México por gestionar riesgos en un comercio internacional cada vez más fracturado.

En la práctica, lo que busca el gobierno mexicano es claro: atraer inversión china que genere empleos y transferencia tecnológica, defender cadenas de suministro clave y evitar convertirse en plataforma de fricción entre Pekín y Washington. La visita ocurre en un contexto de medidas arancelarias, controles a tecnologías estratégicas y acusaciones mutuas entre potencias, según reportes de Reuters y El Financiero sobre las tensiones comerciales globales.

Para la gente en la calle esto significa dos cosas concretas. Primero, la posibilidad de nuevas plantas e inversiones que pueden crear plazas laborales en manufactura y energía. Segundo, el riesgo de competencia desleal o de dependencia excesiva de proveedores extranjeros, que puede presionar salarios y condiciones laborales, una preocupación documentada por organizaciones laborales y reseñada por medios como Bloomberg.

El gobierno argumenta que la relación con China es una oportunidad para diversificar mercados; la Secretaría de Economía y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) han mostrado en años recientes un crecimiento sostenido del intercambio comercial con Asia. Pero diversificar no es sinónimo de ingenuidad: hace falta transparencia en los proyectos, cláusulas claras sobre contenido nacional y garantías ambientales y laborales.

Velasco llega como equilibrista. México no puede darse el lujo de desatender a Estados Unidos, su principal socio comercial, ni tampoco de cerrarse a una potencia que ofrece capital y compradores. Sin embargo, el riesgo político es real: cualquier acercamiento que parezca privilegiar intereses empresariales por encima del empleo digno o del medio ambiente será motivo de crítica ciudadana y periodística.

Entre los temas menos visibles pero estratégicos están la tecnología y la cadena de semiconductores. Controles estadounidenses sobre exportaciones de chips y la presión sobre proveedores aumentan el valor de acuerdos que aseguren accesos alternos y capacitación técnica. Aquí la SRE y la Secretaría de Economía deben jugar de la mano y explicar a la ciudadanía qué negociaciones se llevan y con qué salvaguardas.

La visita también enfrenta un examen doméstico: organizaciones civiles y sindicatos han pedido mayor rendición de cuentas en los acuerdos con inversión extranjera. Si el gobierno pretende vender la idea de «oportunidad económica», debe acompañarla con reglas claras, cumplimiento ambiental y protección de derechos laborales, señalan expertos citados por El País y organizaciones locales.

En suma, la misión de Velasco es doble: cerrar tratos que impulsen empleo y desarrollo, y al mismo tiempo blindar a la economía mexicana contra las sacudidas de una disputa global. Es una negociación donde lo técnico se mezcla con lo político y donde la transparencia será la prueba de fuego para demostrar que los beneficios no se concentrarán solo en unas cuantas empresas.

La SRE informó que dará detalles oficiales posteriores a la reunión con Wang Yi. Mientras tanto, la ciudadanía tiene derecho a preguntar y vigilar: ¿qué ofrece China? ¿qué exige México a cambio? y, sobre todo, ¿cómo se protegerán los derechos laborales y el medio ambiente? El país necesita respuestas claras, no gestos diplomáticos de escaparate.

Con información e imágenes de: informador.mx