Morgues sin espacio y familias en vilo tras las inundaciones en Nepal
Cinco días después de la catástrofe, los cuerpos siguen llegando; autoridades entierran cadáveres tras tomar muestras de ADN y la sociedad exige respuestas
Las morgues de los hospitales del centro y oeste de Nepal están a punto de colapsar. Cinco días después de las lluvias e inundaciones que arrasaron comunidades enteras, los cuerpos siguen llegando y ya no hay espacio para guardarlos con dignidad. Según reportes de Reuters y datos del Ministerio del Interior de Nepal, la cifra de muertos roza los 800 y más de 3.000 personas permanecen desaparecidas entre Nepal y el Tíbet.
Los médicos y equipos de rescate describen escenas que recuerdan a una guerra: cuerpos mutilados, irreconocibles, restos sepultados bajo barro y escombros. Ante la imposibilidad de mantenerlos en frigoríficos, las autoridades han comenzado a enterrar cadáveres después de tomar muestras de ADN para intentar identificar a las víctimas, una medida que para muchas familias llega tarde y fría. «No quiero que entierren a mi esposo sin saber si es él», dijo una mujer a Reuters mientras buscaba entre listas provisionales.
La conmoción social se mezcla con la indignación. Vecinos y familiares han salido a la calle para exigir información y transparencia; denuncian que las alertas tempranas no llegaron o no fueron claras, que la infraestructura —puentes, diques y drenajes— no resistió y que la respuesta estatal fue lenta. Expertos locales citados por The Kathmandu Post señalan que la combinación de construcción en laderas inestables, deforestación y una red de alerta insuficiente convirtió una crecida en catástrofe.
El Gobierno desplegó al ejército y organizaciones humanitarias como la Cruz Roja, y recibió ofertas de ayuda internacional. Pero la emergencia dejó al descubierto fallas estructurales: falta de planes de reasentamiento, servicios forenses con recursos limitados y una atención psicosocial inexistente para las comunidades sobrevivientes. Las familias piden no solo identificar a los desaparecidos, sino cambios profundos en políticas de gestión de riesgos y vivienda.
Además de la identificación por ADN, miembros de ONG y funcionarios proponen medidas concretas: fortalecer sistemas de alerta comunitaria, invertir en infraestructura resiliente, crear registros forenses centralizados y programas de apoyo psicológico y económico para las víctimas. La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios ha urgido a acelerar la ayuda y priorizar la protección de los desplazados.
Esta tragedia exige respuestas rápidas y reformas de fondo. Mientras tanto, en morgues y calles, las familias continúan buscando a sus desaparecidos y exigiendo que el Estado no permita que la memoria se pierda bajo tierra sin nombres ni responsabilidades.
