Por qué Estados Unidos aplica aranceles más bajos a México y quién sale ganando

La Secretaría de Economía informó que el arancel promedio ad valorem que enfrentan las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos es de 3.4%, una cifra 3.3 puntos porcentuales inferior al promedio mundial. Ese diferencial no es casual: es la suma de acuerdos, cadenas productivas y decisiones políticas que tienen efectos concretos en la vida de miles de trabajadores y consumidores.

En términos sencillos, imagine una puerta que se abre más fácil para ciertos bienes: los autos, autopartes, electrónicos y frutas que cruzan la frontera mexicana encuentran menos resistencia arancelaria por dos razones principales. La primera es el marco legal: décadas de negociaciones que culminaron en el USMCA (antes NAFTA) crearon preferencias arancelarias y reglas de origen que facilitan el comercio regional. La segunda es la integración productiva: muchas fábricas mexicanas forman parte de cadenas de valor norteamericanas, donde piezas viajan varias veces; poner altos aranceles sería dispararse en el pie.

¿Quién gana con eso? Ganan los exportadores integrados a esas cadenas —las grandes plantas automotrices y los proveedores—, las empresas multinacionales y, en buena medida, los consumidores estadounidenses que pagan menos por bienes importados. También gana la economía mexicana en empleo y divisas: las exportaciones industriales sostienen regiones enteras como Nuevo León, Guanajuato y el Bajío.

Pero no todo es miel sobre hojuelas. Menos aranceles significan una presión mayor sobre productores locales que compiten con productos importados más baratos. Un pequeño agricultor o una pyme manufacturera que no forma parte de las cadenas globales enfrenta una puerta abierta que puede convertirse en un vendaval. Además, para el erario mexicano, los ingresos por aranceles son limitados; depender menos de esa fuente exige políticas fiscales alternativas y programas de apoyo para sectores vulnerables.

Hay también una cuestión de política: los aranceles bajos no son uniformes. Medidas excepcionales como sanciones por seguridad nacional o investigaciones antidumping pueden elevar barreras puntuales. La Secretaría de Economía documenta el promedio, pero la experiencia de comercios y comunidades varía según el ramo y la región.

Desde una mirada crítica pero constructiva, el desafío es gestionar esos beneficios sin dejar a la deriva a quienes pierden. Fortalecer capacitación laboral, promover encadenamientos hacia arriba para las pymes, activar mecanismos de defensa comercial bien fundamentados y diversificar mercados son medidas imprescindibles. Como señala la Secretaría de Economía, el dato del 3.4% es una radiografía: muestra dónde fluye el comercio, pero también dónde hace falta invertir para que el crecimiento llegue a más familias.

En la práctica, esa política arancelaria se traduce en mejores oportunidades para quien trabaja en una planta exportadora, en precios más bajos en supermercados del otro lado de la frontera y en riesgos para quien cultiva para el mercado local. Entender ese mapa es clave para exigir políticas públicas que reparen asimetrías y protejan el bienestar colectivo.

Con información e imágenes de: Heraldodemexico.com.mx