Sobrevivir entre paredes prestadas: el sismo que deja huellas invisibles en la mente
A medida que pasan los días desde el doble terremoto que sacudió varias regiones de Venezuela, miles de familias viven en refugios improvisados. Lo que no siempre se ve entre colchonetas y carpas es el daño silencioso que el temblor deja en la salud mental: el miedo que no se va, el duelo por lo perdido, la angustia por no saber qué será de mañana.
En France 24, Carlos Ibarra, presidente de la Sociedad Venezolana de Psicología Clínica y Salud, advierte que la emergencia física se convierte pronto en una crisis psicológica cuando los refugios se alargan en el tiempo. “Las reacciones normales ante el trauma —insomnio, irritabilidad, hipervigilancia— pueden enquistarse y derivar en trastornos de ansiedad, depresión o en estrés postraumático si no hay intervención temprana”, explica Ibarra.
Los relatos recogidos por France 24 entre quienes habitan los albergues hablan de noches en vela escuchando cualquier ruido, de padres que evitan acostar a sus hijos en el suelo por miedo a réplicas, de ancianos que se sienten invisibles. Esa acumulación de miedo e incertidumbre es una segunda catástrofe que las autoridades deben atender con la misma urgencia que la reparación de viviendas.
La respuesta institucional ha mostrado avances logísticos, como la entrega de alimentos y la instalación de refugios, pero también grietas importantes. Organizaciones humanitarias y vecinos denuncian falta de equipos de salud mental capacitados, escasez de privacidad en los albergues para tratar casos sensibles y procesos lentos para el reasentamiento. Cuando la política pública funciona solo en la superficie, el daño interno queda sin tratamiento.
La experiencia comparada en situaciones de desastre indica que integrar equipos de salud mental en la respuesta inmediata reduce el riesgo de problemas crónicos. Las recomendaciones que citan expertos como Ibarra y organismos internacionales apuntan a intervenciones sencillas: espacios seguros para hablar, atención psicológica breve en terreno, formación de promotores comunitarios y seguimiento a quienes pierden familiares o sufren daños severos.
Hay iniciativas locales que apuntan en esa dirección. Equipos de algunas ONG y voluntarios han iniciado talleres de contención psicológica y actividades para niños dentro de los refugios, herramientas que funcionan como pequeños puentes hacia la normalidad. Sin embargo, su alcance es limitado frente a la magnitud de la necesidad, y requieren coordinación con las autoridades para ser sostenibles.
Políticas públicas eficaces deben conjugar tres planos: respuesta inmediata (salud física y emocional en los refugios), rehabilitación intermedia (programas de apoyo psicosocial y vivienda temporal digna) y prevención a largo plazo (educación comunitaria en resiliencia y formación de personal local). En palabras de Ibarra, “es como curar una herida: no basta con poner un vendaje; hay que limpiar, suturar y vigilar que no se infecte”.
El coste humano de no actuar es claro: familias que, además de perder su techo, cargan con secuelas que afectan su trabajo, la educación de sus hijos y el tejido social de sus barrios. Atender la salud mental no es un lujo, es una inversión en la capacidad de recuperación de las comunidades.
En el corto plazo, la urgencia está en ampliar equipos de atención psicológica en los refugios, garantizar espacios de intimidad para las entrevistas clínicas y priorizar a grupos vulnerables: niños, mujeres embarazadas, ancianos y personas con discapacidad. En el mediano y largo plazo, Venezuela necesita políticas públicas que integren salud mental en planes de emergencia y vivienda, financiamiento estable para organizaciones sociales y formación continua para profesionales de la salud.
Mientras tanto, en los refugios, vecinos que se organizan, profesores que improvisan clases para los niños y voluntarios que sostienen rondas de contención hacen el trabajo cotidiano que el Estado debería respaldar con más recursos y planificación. Como señala France 24 en su cobertura y como recuerda la Sociedad Venezolana de Psicología Clínica y Salud, la reconstrucción no será completa si las sombras que dejó el sismo en la mente de las personas siguen creciendo sin atención.
Reportaje basado en entrevistas y análisis de France 24 y en declaraciones de Carlos Ibarra, presidente de la Sociedad Venezolana de Psicología Clínica y Salud.
