La lenta agonía del Sistema Nacional Anticorrupción

El Gobierno de Enrique Peña Nieto es considerado uno de los más corruptos de la historia, al grado de que los escándalos se han vuelto epítome del priismo de aquella época: la Estafa Maestra, la Operación Safiro, la Casa Blanca, Odebrecht… Paradójicamente, en la Administración de Peña Nieto se creó el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), un andamiaje sin precedentes que prometía vincular a todas las autoridades que combaten ese delito y dar un rol central a la ciudadanía para supervisar el mecanismo. Con la llegada de Morena a la presidencia, primero con Andrés Manuel López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum, el SNA está abandonado y en la obsolescencia. La gran corrupción persiste, como lo ejemplifican los casos del huachicol fiscal y Segalmex, lo mismo que la impunidad, debido a que una mínima cantidad de casos es juzgada por los tribunales.

El Sistema Nacional Anticorrupción nació como una respuesta a la indignación ciudadana, un clamor por un mecanismo efectivo que pusiera freno a la vorágine de desvíos y tráficos de influencias que parecían no tener fin. Su diseño era ambicioso: un engranaje complejo que agruparía a diversas instituciones como la Auditoría Superior de la Federación, la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción, el Tribunal Federal de Justicia Administrativa, el Consejo de la Judicatura Federal y el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales. En su corazón, el Comité de Participación Ciudadana (CPC), un componente esencial que prometía la visión y voz de la sociedad civil en la toma de decisiones y la supervisión del sistema. Se buscaba no solo castigar, sino prevenir la corrupción, promoviendo la transparencia y la rendición de cuentas.

Una parálisis silenciosa que nos cuesta a todos

Lo que prometía ser un motor de cambio se ha convertido en una pieza oxidada, casi olvidada. El SNA no fue desmantelado de forma explícita, sino que ha sufrido una agonía lenta y dolorosa, resultado de la falta de voluntad política, recortes presupuestales y el incumplimiento de nombramientos clave. Imagínese una orquesta sin director, o peor aún, con sus músicos principales ausentes. Así opera el SNA. Vacantes fundamentales en tribunales especializados y en la propia Fiscalía Anticorrupción han dejado al sistema cojo, incapaz de procesar casos complejos que requieren conocimiento y dedicación específicos. Esta parálisis no es un asunto menor ni burocrático; es dinero que se desvía, obras que no se terminan, medicamentos que no llegan a los hospitales y programas sociales que no cumplen su cometido. La corrupción, al final del día, es un impuesto silencioso que pagamos todos los ciudadanos, especialmente los más vulnerables.

Los ejemplos de la persistencia de la gran corrupción, como el desfalco en Segalmex o el huachicol fiscal, no son solo titulares; son la evidencia de que cuando los contrapesos no funcionan, la impunidad campa a sus anchas. Miles de millones de pesos se esfuman, y las consecuencias directas son palpables en la vida cotidiana: una educación de menor calidad, falta de inversión en infraestructura, sistemas de salud precarios. Los casos son complejos, sí, pero la ausencia de un sistema robusto que los persiga con ahínco y los lleve a buen puerto judicial perpetúa la sensación de que, para algunos, la ley simplemente no aplica. Es una burla a la justicia y un golpe directo a la confianza de la gente en sus instituciones.

El clamor ciudadano y el camino a seguir

Expertos y organizaciones de la sociedad civil han alzado la voz, señalando que el abandono del SNA es un retroceso peligroso para el país. No se trata de crear nuevas estructuras, sino de reactivar lo que ya existe y ha sido cuidadosamente diseñado. Para que el Sistema Nacional Anticorrupción recupere su vitalidad, se necesitan pasos concretos:

  • Nombramientos urgentes: Es imperativo cubrir las vacantes en los órganos clave con perfiles independientes y calificados, que no respondan a intereses políticos.
  • Presupuesto suficiente: Dotar al SNA y a sus componentes de los recursos económicos necesarios para operar, investigar y prevenir eficazmente.
  • Voluntad política: El compromiso de la Presidencia y los distintos niveles de gobierno es fundamental para que el sistema funcione y sus resoluciones sean respetadas.
  • Fortalecimiento ciudadano: Dar un verdadero espacio y apoyo al Comité de Participación Ciudadana, escuchando sus propuestas y promoviendo la vigilancia activa de la sociedad.

La lucha contra la corrupción no es una batalla de un solo gobierno o un sexenio, sino un esfuerzo constante que requiere de la colaboración de todos. Revitalizar el Sistema Nacional Anticorrupción no es solo una cuestión técnica; es un imperativo ético y un paso indispensable para construir un país más justo, transparente y equitativo. La ciudadanía tiene un papel crucial: exigir, participar y no permitir que la esperanza de un México sin impunidad caiga en el olvido. La agonía del SNA puede y debe terminar, abriendo paso a un sistema vibrante y eficaz que proteja los recursos públicos y la dignidad de cada mexicano.

Fuente:https://elpais.com/mexico/2025-11-09/la-lenta-agonia-del-sistema-nacional-anticorrupcion.html