Ximena alarcón erige escombros como una acusación pública contra la indiferencia
En un patio de la colonia Roma, un montículo de concreto roto exige que dejemos de pasar de largo.
En el corazón de la ciudad, entre casas y cafés, hay una escena pensada para incomodar. La instalación La des‑construcción del mundo, de la artista mexicano‑francesa Ximena Alarcón, parece a primera vista el rastro de una demolición más. Pero al acercarse, entre el polvo y el cemento, asoman juguetes despedazados, ropa de bebé, páginas arrancadas de libros y mechones de cabello humano. No es basura: es memoria puesta a la intemperie con intención política y estética.
Alarcón presenta la obra —junto a un tejido de lirio acuático de la artista estadounidense‑vietnamita Biddy Tran— del 3 al 8 de febrero en Casa Mérida, dentro de la Semana del Arte. La pieza obliga a detener el scroll, a quedarse y mirar: “Percibimos las ruinas a través de los medios de comunicación… pero cuando te acercas, empiezas a percibir lo que realmente queda atrapado en esas ruinas: las vidas de la gente”, dice la autora.
La puesta en escena nace de una indignación directa. Alarcón señala como detonante una declaración pública que ella califica de “lo más indecente y terrible”: la sugerencia presidencial de convertir Gaza en “la Riviera del Medio Oriente”. Esa imagen de bulldozers removiendo escombros y tapando restos humanos cristalizó una pregunta que atraviesa su obra: ¿qué significa “reconstruir” como si nada hubiera pasado?
La artista traza una línea que conecta tragedias cercanas y lejanas: Gaza, el Acapulco devastado por el huracán Otis en 2023, pueblos sometidos por la violencia del narcotráfico y la Ciudad de México erigida sobre vestigios prehispánicos. La tesis es cruda y clara: la violencia queda como sedimento y modela sociedades enteras. “Siempre hemos ido construyendo encima de eventos traumáticos… Hay cosas que se pierden, cosas que se ganan. Y todo eso trae una carga de trauma muy fuerte”, explica Alarcón.
Una colaboración que habla de desplazamiento
La pieza de Alarcón integra el trabajo de Biddy Tran, descendiente de los boat people de Vietnam. El tejido de lirio acuático —planta amazónica introducida en ambos países durante la época colonial y hoy plaga ecológica— atraviesa el montículo y se transforma en una geometría amorfa. Para las artistas, el lirio representa tanto el extractivismo colonial como la extracción violenta de seres y memorias.
Riesgo de espectáculo y apuesta por la lentitud
En tiempos de imágenes virales e inteligencia artificial que fabrica realidades, Alarcón advierte sobre el peligro del consumo rápido: “El espectáculo de ahora va de la mano del no reflexionar… Son apenas veinte segundos: viste, captaste algo, pero no tienes el contexto”. Su respuesta es la paciencia. La instalación obliga a rodearla, a acercarse, a leer y a escuchar. Busca rescatar la tangibilidad de los objetos como puente hacia la reflexión.
Para evitar el sensacionalismo, la artista recurre a la metáfora y a la sutileza. En trabajos anteriores, como Continuum Feminicida, empleó grava roja —cada grano como un cuerpo— para hablar de feminicidio sin caer en la espectacularización.
Dilemas éticos: representación y apropiación
Alarcón estudia la representación del genocidio en una maestría en Chicago, y reconoce el campo minado ético que implica hablar de dolores que no son propios. “No puedo pretender hablar por los palestinos ni por los congoleses. Lo único que puedo pretender es exponer mi visión del mundo”, dice. Más que callar, propone transparencia: decir desde dónde se habla y evitar usar testimonios ajenos como mercancía.
Qué hay en los escombros y por qué importa
| Objeto | Significado simbólico |
|---|---|
| Juguetes rotos | Infancias interrumpidas; vulnerabilidad que la reconstrucción suele borrar |
| Ropa de bebé | Vida cotidiana que no vuelve; la intimidad convertida en escombro |
| Páginas de libros | Pérdida de memoria y cultura; lectura que ya no se podrá recuperar |
| Cabello humano | Presencia corporal de las víctimas; imposibilidad de anonimizar el dolor |
| Lirio acuático (tejido) | Colonización, extracción y el crecimiento descontrolado de heridas históricas |
Política, memoria y responsabilidad pública
La instalación no es solo estética: es una acusación contra la indiferencia colectiva y las respuestas institucionales que priorizan la “reconstrucción” sin memoria. En México, el fenómeno de normalizar la violencia —“mientras no me toque a mí, no pasa nada”— es, según la artista, parte del problema. La obra interpela a autoridades culturales y urbanas: ¿cómo se reconstruye una ciudad sin escuchar a quienes quedaron debajo de sus escombros simbólicos y reales?
Qué puedes hacer
- Visitar la instalación: Casa Mérida, del 3 al 8 de febrero (Semana del Arte).
- Preguntarse por las políticas públicas de reconstrucción y memoria: exigir transparencia y participación comunitaria.
- Apoyar proyectos culturales que trabajen con supervivientes y colectivos locales en lugar de “salvar” sus historias.
La des‑construcción del mundo pone en el patio de la Roma una pregunta incómoda: ¿preferimos tapar las ruinas o aprender de lo que quedó detrás de ellas? Ximena Alarcón apuesta por la terquedad del arte como obligación moral: erigir escombros para que no nos permitamos seguir mirando hacia otro lado.
Información práctica: La des‑construcción del mundo — Ximena Alarcón y Biddy Tran. Casa Mérida, colonia Roma. Fechas: 3‑8 de febrero (Semana del Arte). La pieza fue presentada por la artista en entrevistas y notas de prensa; referencias a eventos como el huracán Otis corresponden a reportes periodísticos y datos oficiales sobre su impacto en Acapulco en 2023.
