Conmoción en Prepa 2: ofrenda y reclamos mientras la fiscalía de Morelos investiga
La jornada concluyó con la colocación de una ofrenda floral en el patio de la Facultad de Técnicos Laboratoristas, como homenaje a los dos jóvenes y en memoria de las víctimas.
Un silencio tenso y palpable dominó el patio de la Facultad de Técnicos Laboratoristas, donde estudiantes, docentes y familiares se reunieron para recordar a dos jóvenes cuya muerte sacudió a la comunidad educativa. La ofrenda floral que se colocó al final de la jornada fue tanto un gesto de duelo como una demanda de respuestas.
Según la Fiscalía General del Estado de Morelos, ya se abrió una carpeta de investigación para determinar las circunstancias del caso. La dependencia informó que realiza diligencias periciales y entrevistas con testigos, sin ofrecer por ahora una versión concluyente sobre el móvil del hecho.
Compañeros presentes mostraron rabia y tristeza en partes iguales. “No basta con flores”, dijo una estudiante que prefirió no dar su nombre; “queremos que las autoridades nos digan qué pasó y que esto no vuelva a ocurrir”. Las voces de los jóvenes reclamaron seguridad en los accesos, mayor iluminación y protocolos claros de acompañamiento para estudiantes en situación de vulnerabilidad.
La escena en el patio fue sencilla pero simbólica: coronas blancas, fotografías, veladoras apagadas por la lluvia y carteles con frases que pidieron memoria y justicia. La asistencia fue masiva para el tamaño de la facultad, lo que refleja el impacto comunitario del suceso. Para muchos, la ofrenda funcionó como punto de encuentro entre el dolor privado y la exigencia pública.
Este episodio ocurre en un contexto en el que la seguridad pública y la impunidad son reclamos recurrentes de la sociedad morelense. La Fiscalía, como fuente oficial, tiene la obligación de esclarecer los hechos con celeridad y transparencia, pero también de comunicar avances concretos a familiares y a la comunidad educativa para evitar rumores y desinformación.
Desde una mirada crítica, es necesario preguntar qué falló en las medidas preventivas dentro y alrededor de los planteles: vigilancia, protocolos de emergencia, coordinación con autoridades locales y servicios de apoyo psicológico. Estas no son soluciones mágicas, pero sí pasos concretos que pueden reducir riesgos cuando se combinan con presupuesto y vigilancia ciudadana.
Organizaciones estudiantiles y colectivos locales aprovecharon la concentración para exigir políticas públicas orientadas a la protección de jóvenes, más inversión en educación pública y procesos de atención a las familias afectadas. El reclamo principal fue que el dolor no se reduzca a gestos efímeros, sino que lleve a cambios estructurales.
La Fiscalía General del Estado de Morelos confirmó al cierre de la jornada que continuará con las investigaciones y que informará a las partes cuando haya resultados relevantes. Mientras tanto, la comunidad permanece alerta, sosteniendo la ofrenda como recordatorio de que dos rostros jóvenes ya no están, y como llamado a no normalizar la violencia.
El suceso obliga a una reflexión colectiva sobre la seguridad en las instituciones educativas y sobre la rendición de cuentas de las autoridades. Como dijo una profesora en el acto, “la educación no puede ser un refugio inseguro; tiene que ser un lugar donde crecer sin miedo”. Ese reclamo, por ahora, quedó impreso entre las flores y las lágrimas en el patio de la facultad.
