Turismo cubano al límite: sanciones de EE. UU. y corte de combustible ahogan la recuperación

La temporada alta en los polos turísticos de Cuba se enfrenta a una crisis que mezcla geopolítica, logística y mala gestión. El endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos sobre el suministro de combustible, y las medidas secundarias que afectan seguros y transporte marítimo, han resultado en cierres temporales de hoteles y cancelaciones de vuelos, según reportes de Reuters y The Associated Press.

En Varadero y La Habana, empleados hoteleros y comerciantes describen escenas que recuerdan los peores meses de la pandemia: pasillos con menos huéspedes, cocinas limitadas por racionamientos de combustible y vuelos cancelados que dejan plazas vacías. “Llevamos semanas sin poder garantizar agua caliente ni aire acondicionado en turnos completos”, cuenta a este medio un recepcionista que pidió no ser identificado. La historia se repite en comunidades que dependen del turismo para su sustento diario.

Los efectos no son solo anecdóticos. Según datos citados por la Organización Mundial del Turismo (OMT) y las cifras oficiales del Ministerio de Turismo de Cuba (Mintur), la llegada de visitantes aún no recupera los niveles prepandemia, y las restricciones recientes sobre el combustible y la logística marítima han agravado la caída. Analistas consultados por el Financial Times señalan que las sanciones extraterritoriales, que dificultan el aseguramiento y fletamento de embarcaciones, elevan costos y obligan a proveedores a cerrar rutas hacia la isla.

La política de presión económica de Washington busca contener al Gobierno cubano, pero tiene efectos colaterales claros sobre la población: pérdida de empleos, reducción de ingresos y deterioro de servicios básicos en zonas turísticas. No obstante, la responsabilidad no es exclusiva de actores externos. Entrevistas y documentos consultados muestran que la falta de mantenimiento, la concentración de recursos en grandes cadenas estatales y la limitada diversificación energética han dejado al sector particularmente vulnerable ante cualquier choque externo.

Empresas como Meliá, que opera varios complejos en la isla, han tenido que ajustar operaciones; fuentes empresariales citadas por Reuters hablan de cierres parciales y retrasos en pagos. Al mismo tiempo, pequeñas hostalerías y paladares —que habían emergido como alternativas— se enfrentan a la escasez de combustible para generadores y dificultades para importar insumos básicos.

Frente a este escenario, varios economistas y expertos en turismo consultados por este diario piden medidas duales: por un lado, que Washington flexibilice excepciones humanitarias y logísticas para asegurar combustible, insumos médicos y transporte; por otro, que el Gobierno cubano promueva reformas que mejoren la transparencia, incentiven la inversión en energías renovables y apoyen a los emprendimientos locales que generan empleo directo.

La solución no es simple ni inmediata. Pero la experiencia muestra que la combinación de presión internacional y reformas internas puede mitigar daños y proteger la economía real. El turismo en Cuba no es un lujo: es la red de seguridad de miles de familias. Ignorar ese vínculo es arriesgar más que solo la ocupación hotelera; es poner en juego los ingresos para escuelas, salud y servicios locales.

Fuentes consultadas para este reportaje: Reuters, The Associated Press, Organización Mundial del Turismo (OMT) y datos oficiales del Ministerio de Turismo de Cuba.

Con información e imágenes de: Heraldodemexico.com.mx