El día que Silvia Pinal escapó de Gertz Manero: la actriz, oculta en una cajuela
La diva del cine de oro vivió momentos de angustia al ser víctima de una orden de aprehensión. En una entrevista reveladora, relató cómo huyó del país, escondida para evitar el arresto.
Dominga.– La memoria de Silvia Pinal, la última gran dama del cine mexicano, nos transporta a un episodio de su vida que combina el drama de la persecución política con la astucia de la supervivencia. Corría el año 2000 cuando la figura icónica del espectáculo mexicano se vio obligada a emprender una huida clandestina, escondida en la cajuela de un automóvil, para escapar de una orden de aprehensión girada por Alejandro Gertz Manero, entonces secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal. La causa: una denuncia por supuesto fraude interpuesta en 1994, cuando Pinal fungía como presidenta de la Asociación Nacional de Productores de Teatro.
Este relato, guardado celosamente y compartido en una entrevista concedida a Lucy Orozco para su libro «Fama. Sin censura ni reflectores. Once luminarias al desnudo», publicado en 2008, revela la profunda angustia que vivió la actriz. «Estuve desconcertada y asustada», confesó Pinal a Orozco, recordando los once meses que tuvo que permanecer en Miami de manera involuntaria. Las acusaciones, según sus propias palabras, «jamás pudieron ser probadas».
La actriz, quien falleció el 29 de noviembre de 2024, no podía comprender la saña con la que se le perseguía. «Yo no tenía enemigos y ahora tengo enemigos de primera clase», respondió entre risas nerviosas, haciendo eco de la frase que sugiere que la importancia de una persona se mide por el tamaño de sus adversarios. El temor a ser deportada por Interpol le generaba un pánico e incredulidad paralizantes, pues estaba convencida de su inocencia. «¿Por qué me está pasando esto? Si yo no hice nada malo», se preguntaba insistentemente.
La política, un terreno de desafíos y traiciones
Silvia Pinal, a sus 69 años en aquel entonces, ya contaba con una vasta trayectoria política. Había sido presidenta del DIF de Tlaxcala, militante activa del PRI, diputada y senadora. A pesar de las dificultades y la amarga experiencia vivida, su deseo de contribuir a la política permanecía intacto. «¡Ah, sí!, ¡cómo no, fascinada!», exclamó al ser preguntada por Lucy Orozco si volvería a trabajar en política. «Ser diputada es la cosa más bella», afirmó con convicción, destacando la oportunidad de «ayudar a tu país, a tu gente» y «hacer leyes que van a defender a las personas que están en su tierra».
La tribuna parlamentaria le brindaba una satisfacción única, distinta a la de los escenarios. Allí, no se trataba de talento histriónico, sino de inteligencia y convicción. «Me gustaba escuchar a la gente en la tribuna y cuando yo subía y me aplaudían, sentía una satisfacción muy especial», recordó. A pesar de reconocer que la política es «muy traicionera» y le «ha costado muchos dolores de cabeza», se sentía orgullosa de su labor. La imagen de su madre emocionada al verla tomar protesta como senadora era uno de sus recuerdos más preciados.
Una oficina sencilla, un espíritu libre
La productora Lucy Orozco, con quien Silvia Pinal compartió varias horas de conversación, recuerda con detalle la sencillez del espacio de trabajo de la actriz en Televisa. A diferencia de otros ejecutivos, en su oficina no colgaba el retrato del magnate Emilio Azcárraga Milmo, a pesar de haber sido novios. «Yo era una mujer divorciada y con una hija chiquita», explicó Pinal como razón por la que no se casaron, aunque mantenían una relación cordial y de profundo cariño.
En su librero, predominaban las fotos familiares, con una destacada imagen de cinco generaciones. Notablemente ausentes, los retratos de sus exmaridos, lo que para Orozco reflejaba la independencia y libertad de Pinal. Un detalle que llamó su atención fue un retrato de Silvia Pinal junto al expresidente Ernesto Zedillo, un gesto que, en un momento de poder del PAN, demostraba la autonomía de criterio de la actriz.
La libertad de Silvia Pinal se manifestaba también en su agilidad y seguridad, en su risa franca y su humor a flor de piel. «Parecía que la señora Pinal viviera siempre en una eterna primavera», describió Orozco, una metáfora que encapsula la vitalidad de la artista.
El legado de Buñuel y el peso de la pérdida
La conversación abordó también el significativo trabajo de Silvia Pinal con el maestro Luis Buñuel. Para la actriz, haber participado en películas como «Viridiana», «El ángel exterminador» y «Simón del desierto» significó «estar en la historia del cine mundial». Estos filmes no solo la internacionalizaron, sino que le valieron los premios más importantes de su carrera cinematográfica.
Sin embargo, no todo en la vida de Silvia Pinal fue triunfo y reconocimiento. La pregunta de Orozco sobre su filosofía de vida ante la dolorosa muerte de su hija Viridiana Alatriste, en un accidente automovilístico, conmovió profundamente a la actriz. Desmintió el mito de haber asistido vestida de rojo a ver a su hija, explicando entre lágrimas el estado de shock que le impedía procesar la tragedia. «Yo no podía creer que estuviera muerta», confesó, detallando la vestimenta que llevaba puesta en ese momento.
Un balance vital: éxito y sacrificio
Al hacer un balance de su vida, Silvia Pinal reconoció que la vida le dio «más de lo que esperaba». Sin embargo, también reconoció el alto costo de esas bendiciones. «La vida te cobra las cosas», reflexionó. La pregunta que la atormentaba era: «¿Por qué tenía que morir mi hija Viridiana a los 19 años?». Para ella, esa pérdida fue el pago por todo lo bueno que la vida le había concedido.
La entrevista completa, un mosaico de experiencias vitales, anécdotas y reflexiones profundas, nos deja la imagen de una mujer cuya vida fue un constante desafío, un ejemplo de resiliencia, talento y una inquebrantable libertad. La huida en la cajuela de un auto no fue solo un escape físico, sino un reflejo de la fortaleza de una mujer que supo sortear los embates de la vida y la política, dejando un legado imborrable en la cultura de México.
