Sheinbaum celebra boom de empleos; quién gana y quién queda atrás
Ciudad de México, 28 de septiembre. Durante la conferencia matutina de este jueves la mandataria destacó el buen comportamiento del mercado laboral y calificó el crecimiento de empleos como “una de las buenas noticias para la economía mexicana”. Sus palabras toman fuerza frente a los registros oficiales: según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (INEGI), en meses recientes se ha observado un ritmo sostenido de creación de plazas formales y una caída de la tasa de desocupación.
Pero el fenómeno no es una bonanza homogénea. Si el empleo fuera una marea, explica un análisis de datos públicos del IMSS y del INEGI, ha subido el nivel del agua, pero no todos los botes se han movido igual. Hay ganadores claros y grupos que siguen a la deriva.
Quién gana
Los beneficiarios inmediatos son quienes logran pasar a la formalidad: trabajadores asalariados con registro en el IMSS que acceden a seguridad social, pensiones y servicios de salud. Sectores como la construcción, el comercio formal y ciertas manufacturas concentran muchas de estas plazas, según las cifras de afiliación del IMSS. Para familias de clase media y sectores urbanos, el empleo formal representa mayor estabilidad y previsibilidad en ingresos.
Además, las empresas grandes y cadenas con capacidad de inversión se ven beneficiadas: la demanda de mano de obra estable permite reducir rotación y, en teoría, mejorar productividad. Asimismo, programas públicos de estímulo a la inversión han atraído proyectos que generan puestos en zonas metropolitanas.
Quién pierde
Sin embargo, la creación de empleos no ha sido sinónimo automático de mejor salario real ni de seguridad laboral amplia. Según INEGI y reportes del Banco de México, el crecimiento del empleo formal no siempre se traduce en aumentos de poder adquisitivo para quienes perciben salarios bajos. El sector informal sigue siendo un colchón para millones; quienes dependen de la economía informal o de trabajos por horas quedan fuera de los beneficios que presume el registro del IMSS.
Las regiones rurales y las pequeñas empresas, que enfrentan menor acceso a crédito y capacitación, no captan la misma cantidad de vacantes formales, lo que agudiza desigualdades territoriales. Las mujeres y jóvenes, aunque ganan participación en el mercado laboral, siguen encontrando puestos más precarios o part-time, una realidad que confirman los microdatos de la ENOE y las encuestas de ocupación del INEGI.
Hay empregos, pero no todos son iguales: la calidad importa tanto como la cantidad.
Qué falta
Expertos que revisan la información del IMSS y la Secretaría del Trabajo y Previsión Social señalan que el principal reto es elevar la calidad del empleo: incrementar salarios reales, fortalecer la inspección laboral y promover la capacitación técnica. También urge políticas para formalizar microempresas sin asfixiarlas con trámites, y para vincular la creación de plazas con cadenas productivas locales, no solo con proyectos concentrados en grandes polos industriales.
La administración puede señalar con justicia las cifras positivas, pero no está exenta de críticas. Persisten fallas en la implementación de programas de formación y en el seguimiento a compromisos de inversión regional. Sin correcciones, el efecto redistributivo del empleo será limitado.
En suma, el “boom” de empleos es una noticia bienvenida, pero como con cualquier repunte económico, la pregunta real es cómo se reparte la ganancia. Los datos del IMSS y del INEGI dicen que hay más plazas; la urgencia ahora es transformar ese incremento en mejores salarios, condiciones dignas y oportunidades distribuidas con equidad.
