Sheinbaum plantea ley digital para reducir el reinado del efectivo
La Presidencia informó que la administración de Claudia Sheinbaum prepara una iniciativa de ley en materia de tecnología financiera con plazos específicos para disminuir el uso del dinero físico en México. La propuesta forma parte de una propuesta económica más amplia que, según el equipo del gobierno, busca modernizar pagos, combatir la economía informal y reducir riesgos asociados al manejo de efectivo.
La medida llega en un momento en que organismos como el Banco de México y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) coinciden en que el efectivo sigue siendo el medio predominante para pequeñas transacciones y en zonas rurales. El gobierno argumenta que una transición ordenada hacia pagos digitales puede abaratar cobros, aumentar trazabilidad y debilitar canales de corrupción y delitos relacionados con el efectivo.
Pero la idea tiene doble filo. Desde la Secretaría de Hacienda se presentó la iniciativa como un impulso a la inclusión financiera; sin embargo, expertos en regulación y organizaciones civiles han advertido sobre el riesgo de exclusión de quienes dependen del efectivo: adultos mayores, personas en zonas sin cobertura bancaria, trabajadores informales y quienes desconfían de las instituciones financieras. La Red en Defensa de los Derechos Digitales (R3D) y otros colectivos han pedido garantías claras sobre privacidad, acceso y no discriminación.
La experiencia internacional muestra beneficios y desafíos. Instituciones como el Banco Mundial y el Banco de Pagos Internacionales destacan que los pagos digitales pueden bajar costos y acelerar la formalización, pero también subrayan la necesidad de infraestructura, alfabetización financiera y marcos sólidos de protección de datos. En México esas brechas son palpables: la cobertura de servicios financieros y la conectividad en comunidades rurales siguen rezagadas, según datos del INEGI y reportes de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV).
Operativamente, la iniciativa plantea tiempos concretos para reducir el uso de efectivo. Fuentes oficiales de la Presidencia comentan que habrá metas por etapas y coordinación con el Banco de México y la CNBV, además de incentivos para fintechs y comercios. No obstante, aún no se ha difundido el texto final ni un análisis de impacto social que explique cómo se mitigarán los riesgos para los sectores más vulnerables.
En la práctica cotidiana, la transición exigirá eliminar fricciones: comisiones bajas o nulas en micropagos, equipos de cobro accesibles para comercios informales, educación financiera dirigida y garantías de que los datos personales no se conviertan en moneda de control. Organizaciones sociales piden que la discusión legislativa incluya a colectivos de consumidores, a autoridades locales y a quienes viven del comercio callejero, para evitar que una buena intención termine perjudicando a los menos protegidos.
Políticamente, la medida es ambiciosa y sensible. Reducir el «reinado del efectivo» puede proyectar una imagen de modernidad y combate al crimen, pero también abre la puerta a críticas sobre vigilancia financiera y centralización del control monetario. La Secretaría de Hacienda, el Banco de México y la CNBV tendrán que publicar cifras, plazos y evaluaciones públicas para que la ciudadanía entienda los beneficios y los costos reales de la transición.
Sheinbaum adelantó la iniciativa en sus presentaciones públicas; ahora corresponde al Legislativo debatirla con suficiente información técnica y la participación de la sociedad civil. Si la meta es que la digitalización funcione para la mayoría y no para una minoría conectada, el diseño de la ley deberá priorizar acceso, transparencia y protección de derechos, más allá de la retórica del progreso.
La conversación está abierta. El reto será convertir un cambio tecnológico en una mejora real para la vida cotidiana de quienes, hasta hoy, siguen confiando en el efectivo para llegar a fin de mes.
