Protesta en veracruz: personal de salud exige insumos y aumento salarial tras segundo domingo de movilizaciones

Por segundo domingo consecutivo, trabajadores del sector sanitario salieron a las calles para visibilizar lo que describen como una crisis persistente en hospitales y centros de salud.

Veracruz — Las calles frente a varios centros de salud del estado se convirtieron ayer en una especie de termómetro social: desde enfermeras hasta personal administrativo y camilleros marcharon con pancartas y consignas para exigir insumos básicos, regularización de plazas y un aumento salarial que, dicen, permita cubrir la carestía. La movilización, que se extendió por más de cuatro horas en municipios como Xalapa y Veracruz puerto, marca el segundo domingo de protesta consecutivo.

Los participantes denunciaron la falta de medicamentos esenciales —analgésicos, antibióticos y reactivos de laboratorio— así como equipos de protección personal insuficientes para atender a pacientes con enfermedades infecciosas. «Trabajamos con lo justo y muchas veces con lo improvisado. Es como intentar apagar un incendio con una cubeta», relató una enfermera que pidió mantener el anonimato por temor a represalias.

En paralelo a las reclamaciones por insumos, el reclamo salarial fue persistente. Trabajadores de base y eventuales aseguraron que los pagos llegan con retraso o que su remuneración no refleja la carga laboral y el riesgo que enfrentan. Organizaciones sindicales, entre ellas el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud (SNTSA), han señalado a nivel nacional problemas similares y han convocado acciones para presionar por una política pública que revise presupuestos y contratos.

La demanda tiene un trasfondo de larga data: la precariedad en la contratación y la falta de inversión en infraestructura sanitaria no solo afecta al personal, sino a la población que depende de servicios públicos. Pacientes y familiares que se acercaron a las movilizaciones contaron que citas y procedimientos se han retrasado por escasez de insumos, lo que agrava enfermedades crónicas y eleva la ansiedad en comunidades ya golpeadas por la pandemia y la pobreza.

Ante la presión, autoridades estatales han hecho comunicados vagos sobre «revisión de abasto» y «diálogo con sindicatos», según reportes de La Jornada Veracruz. Sin embargo, en el terreno las respuestas son percibidas como lentas e insuficientes. La Secretaría de Salud del estado no ha presentado cifras claras sobre cuántos insumos faltan o un calendario de regularización de pagos que atenúe la incertidumbre de los trabajadores.

La situación tiene impacto directo en la calidad de la atención. Médicos y enfermeras explican que la ausencia de reactivos obliga a repetir estudios en laboratorios privados, lo que encarece el servicio; la falta de cubrebocas y guantes multiplica el riesgo para personal y pacientes; y la rotación constante por contratos temporales rompe la continuidad de cuidados, afectando sobre todo a personas mayores y crónicas.

Desde una perspectiva económica y social, la protesta expone una decisión política: priorizar gasto visible o invertir en mantener vivo el sistema de salud. «No se trata solo de dar aumentos; es de ordenar contratos, garantizar insumos y proteger al personal que es la primera línea», dijo a este diario un representante sindical que siguió las negociaciones en Xalapa.

La movilización también abrió espacios de solidaridad ciudadana. Vecinos llevaron agua, alimentos y mensajes de apoyo. Para muchos, la protesta fue una llamada de atención: cuando falla el sistema de salud pública, la ciudadanía más vulnerable queda expuesta.

Expertos consultados por este medio recuerdan que la solución requiere tres frentes alineados: asignación presupuestal adecuada, transparencia en contratos y compras, y diálogo verdadero con los trabajadores. Sin esos elementos, advierten, las medicinas pueden llegar a los almacenes pero no a las manos de quienes las necesitan.

El reclamo en Veracruz no es aislado. A nivel nacional organizaciones como el SNTSA y medios como La Jornada han documentado denuncias similares que apuntan a fallas estructurales en la gestión sanitaria. El desafío para las autoridades locales y federales es convertir la presión social en políticas concretas: calendarizar aumentos, auditar el abasto y garantizar empleo digno para quienes sostienen la atención pública.

Mientras tanto, los trabajadores anunciaron que mantendrán la presión hasta obtener respuestas claras. Para la población, la advertencia es simple: la salud pública es una red; si se rompe un hilo, todos sentimos la tirantez.

Con información e imágenes de: Latinus