Hegseth desata guerra interna en el Pentágono: purgas, sermones y promesas de “pura destrucción”
“Máxima letalidad, nada de tibia legalidad.” Es la consigna que repite Pete Hegseth, el secretario de Defensa que se ha presentado más como un hombre de guerra que como administrador: lenguaje duro en público, invocaciones religiosas en privado y una limpieza de altos mandos que, en poco más de un año, ha dejado al Departamento de Defensa en estado de agitación. Según fuentes internas consultadas por este periódico y testimonios de asistentes a comparecencias y servicios del Pentágono, su retórica y sus decisiones están remodelando la institución y encendiendo alarmas entre legisladores, mandos y familias militares.
Ritmo y retórica: en las ruedas de prensa sobre la ofensiva estadounidense e israelí contra Irán, Hegseth ha usado términos como “pura destrucción” y “lucha sin cuartel”. En un servicio religioso celebrado en el Pentágono hace unas semanas, según asistentes, pidió a Dios que bendijera “una violencia abrumadora” contra “aquellos que no merecen piedad”. Ese cruce entre fe y fiero belicismo ha alimentado una narrativa de guerra total que algunos mandos consideran peligrosa y fuera de los límites legales y éticos aceptados.
Purgas internas y patrón preocupante
En los últimos 14 meses, Hegseth ha promovido salidas forzosas, reubicaciones y ceses de una galería de altos mandos que, según versiones internas y documentos de personal revisados por este periódico, se debieron a “desacuerdos estratégicos” con su visión. Dos rasgos llamaron la atención de quienes siguen el proceso: muchas de las salidas correspondieron a mujeres y a oficiales afroamericanos, lo que aumenta las sospechas de sesgo y daña la diversidad institucional en momentos críticos.
| Periodo | Acción | Motivo oficial |
|---|---|---|
| Últimos 14 meses | Más de una docena de altos mandos relevados | Desacuerdos con la línea del secretario |
| Hace semanas | Servicio religioso en el Pentágono con invocaciones a la violencia | Mensaje público y privado que mezcla fe y agresión |
Impacto en la vida cotidiana de militares y familias
- Moraleja y cohesión: mandos desplazados y una atmósfera de temor a represalias minan el espíritu de cuerpo y la confianza entre oficiales y tropa.
- Preparación operativa: cambios frecuentes en jefaturas críticas generan vacíos de liderazgo en áreas clave (logística, inteligencia, planificación), lo que puede afectar la capacidad de respuesta ante crisis.
- Igualdad y representación: la salida desproporcionada de mujeres y afroamericanos reduce la diversidad en puestos de decisión y debilita iniciativas de inclusión que tardaron años en construirse.
¿Legalidad en tela de juicio? La retórica de “lucha sin cuartel” y las purgas han despertado preguntas sobre si las decisiones del secretario respetan los controles legales y las normas profesionales que rigen a las Fuerzas Armadas. Abogados militares y expertos en derecho internacional consultados por este diario advierten que un lenguaje que incita a la violencia y actuaciones internas basadas en lealtades personales pueden exponer a Washington a riesgos jurídicos y diplomáticos.
Reacciones políticas y sociales
Legisladores de ambos partidos han mostrado preocupación y algunos ya piden audiencias en el Congreso para evaluar conducta y consecuencias operativas. Organizaciones por la transparencia y asociaciones de militares retirados exigen informes del inspector general y denuncian la necesidad de proteger a quienes cuestionan decisiones por motivos profesionales y éticos.
Qué se puede exigir y qué puede cambiar
- Investigación independiente: abrir pesquisas del inspector general y del Congreso para determinar si hubo irregularidades o discriminación en las purgas.
- Transparencia en decisiones de personal: publicar criterios y procesos para relevos y ceses, y proteger canales de denuncia.
- Recuperación de confianza: programas de apoyo a la moral, revisiones de la cadena de mando y refuerzo de la diversidad en nombramientos.
Conclusión
El Pentágono vive una sacudida que no es solo de nombres y puestos: es una batalla por la cultura institucional. La mezcla de retórica bélica, plegaria por “violencia abrumadora” y una ola de purgas deja una factura tangible en la capacidad operativa y en la confianza pública. Si el país quiere una defensa robusta y responsable, las instituciones civiles y militares tendrán que actuar con rapidez: verificar hechos, exigir rendición de cuentas y proteger la diversidad y la legalidad que mantienen a las Fuerzas Armadas dentro del imperio de la ley.
Fuentes: testimonios de asistentes a comparecencias y servicios en el Pentágono, fuentes internas del Departamento de Defensa, registros de personal consultados por este periódico y declaraciones públicas de representantes legislativos.
