Irak sin tropas estadounidenses: vacío de poder y miedo a la violencia
El Pentágono confirmó la salida de los últimos soldados que permanecían en una base del norte de Irak, poniendo fin a 12 años de presencia militar ligada a la lucha contra el Estado Islámico. Bagdad celebra una recuperación de soberanía; la ciudadanía y los observadores piden a gritos instituciones capaces de garantizar seguridad y justicia.
La retirada, anunciada por el Pentágono en un comunicado citado por Reuters, cumple el calendario acordado hace dos años entre Washington y Bagdad. Para el gobierno iraquí, este movimiento es un logro político que subraya la autoridad del Estado. «La salida de fuerzas extranjeras es una exigencia de nuestra soberanía», dijeron fuentes del Ejecutivo, según reportes oficiales.
Sin embargo, la escena que queda tras el adiós de los soldados no es la de calma consolidada. Naciones Unidas y organizaciones de derechos humanos han advertido en los últimos meses sobre la persistencia de células ocultas del EI y el crecimiento de milicias proiraníes que actúan con capacidad militar y poder político local. Informes de Human Rights Watch documentan abusos y control territorial que erosionan la confianza en las instituciones.
En barrios de Mosul y en pueblos de la línea de frente, vecinos que hablaron con medios internacionales describen noches de patrullas no oficiales, cobros de protección y miedo a represalias. La seguridad ya no depende solo de la presencia de fuerzas extranjeras; depende de un Estado capaz de ofrecer justicia, empleo y servicios básicos. Esa es la cuenta pendiente del Gobierno de Bagdad, según analistas consultados por Reuters y por expertos en el tema.
La vacante de poder no se llena automáticamente. Las milicias apoyadas por Irán han acumulado influencia política a través de elecciones locales, redes de prestación de servicios y, en ocasiones, violencia. Si el Estado no recupera terreno institucional, el resultado podría ser una competencia por el control que aumente la violencia y debilite la cohesión social. Naciones Unidas insiste en que la desmilitarización de la política y la reintegración de combatientes deben ir acompañadas de reformas reales.
Por su parte, Washington mantiene que la retirada no es un abandono total: fuentes del Pentágono y analistas citados por medios internacionales señalan que Estados Unidos conserva capacidades en la región que le permiten responder a amenazas si fuera necesario. Para la opinión pública iraquí y para quienes sufren la inseguridad cotidiana, esas capacidades remotas no sustituyen la presencia de un Estado que funcione.
La lección que dejan estos meses de transición es clara y dura: la retirada de botas no resuelve problemas estructurales. Sin una agenda firme de reconstrucción, empleo, verdad y control civil de las armas, el riesgo de una espiral de violencia sigue latente. Instituciones como la justicia, la policía y las autoridades locales deben fortalecerse ahora, antes de que el poder vuelva a repartirse a golpes.
Fuentes: Pentágono, Gobierno de Irak, Naciones Unidas, Human Rights Watch y Reuters.
