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SRE exige aval federal para academia policial con EU en Querétaro

La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) advirtió que cualquier proyecto de cooperación en materia policial entre el estado de Querétaro y Estados Unidos —incluida la creación de una academia de formación— deberá presentarse al Gobierno federal para su revisión y autorización antes de avanzar. La aclaración, emitida por la SRE, llega después de versiones públicas sobre acuerdos bilaterales locales que habían provocado inquietud sobre competencias, transparencia y soberanía.

En palabras sencillas: no se puede arrancar una obra que toca la seguridad pública del país como si fuera un convenio municipal. La SRE recordó que las relaciones internacionales y la coordinación en materia de seguridad requieren un canal federal; en este caso, la Embajada de Estados Unidos y el Gobierno de Querétaro tendrían que pasar por la ventanilla central que marcan las normas nacionales, según la secretaría.

¿Qué está en juego para la gente? Si la iniciativa se hace bien, la academia podría traducirse en policías mejor capacitados para investigar, prevenir delitos y acercarse con más respeto a las comunidades. Es la cara positiva: más técnicas, mejores prácticas y cooperación que realmente contribuya a reducir la violencia. Pero si se avanza sin controles, el riesgo es claro: proyectos opacos que generan dependencia extranjera, entrenamientos que no respeten derechos humanos o esfuerzos duplicados que malgastan recursos públicos. La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y organizaciones civiles han subrayado antes la necesidad de protocolos claros en este tipo de cooperación.

Fuentes que incluyen a la SRE, a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) y al propio gobierno estatal de Querétaro coinciden en algo elemental: la coordinación es imprescindible. El gobernador de Querétaro, Mauricio Kuri, ha mostrado interés en mejorar la capacitación policial; ahora el debate es sobre cómo y bajo qué reglas. La Embajada de Estados Unidos, por su parte, ha sido interlocutora habitual en temas de capacitación y apoyo técnico, pero incluso ese acompañamiento debe respetar los marcos constitucionales y los procesos de autorización nacionales.

La discusión no es sólo técnica; es política y social. Imaginemos una casa donde varias personas intentan arreglar la cerradura al mismo tiempo: si no se ponen de acuerdo, la puerta puede quedar peor. Lo mismo ocurre con la seguridad pública: sin claridad en funciones y sin transparencia, los programas bienintencionados pueden terminar fragmentando responsabilidades y dejando a la ciudadanía sin rendición de cuentas.

La SRE pide que el proyecto sea presentado formalmente para su revisión. Eso abre una oportunidad: obligar a los actores a documentar los objetivos, los contenidos de los cursos, los criterios de selección de instructores y los mecanismos de evaluación. Exigir esas garantías ayuda a convertir una cooperación internacional en una política pública útil y con controles, en vez de en una serie de anuncios sueltos.

Desde una línea editorial crítica pero constructiva, el próximo paso es claro: el Gobierno federal debe transparentar el proceso de evaluación; la sociedad civil y la CNDH deben participar en la observación; y el Congreso, si corresponde, revisar los alcances presupuestales y legales. Solo así la promesa de mejorar la policía se acerca a la realidad y no queda en la foto protocolaria entre autoridades.

La SRE, la SSPC, el Gobierno de Querétaro y la Embajada de Estados Unidos tienen ahora la responsabilidad de llevar este proceso a la luz pública. Los ciudadanos deben exigir que esa revisión no sea un trámite burocrático, sino una oportunidad para garantizar formación policial profesional, con respeto a los derechos humanos y control democrático.

Con información e imágenes de: Reforma