Zócalo se llena de color: pulseras y stickers marcan el grito
Ciudad de México. Entre pulseras fluorescentes, stickers con escudos patrios, banderas y vendedores de peluches, miles de asistentes abarrotaron el Zócalo la noche del Grito para esperar la ceremonia y el concierto de Intocable. Según reportes de La Jornada y cifras difundidas por la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, la plaza volvió a ser el centro de una celebración masiva que combina tradición, consumo y espectáculo.
La escena parecía una feria de colores: pulseras que brillaban al compás de la música, adhesivos que se pegaban en mejillas y prendas, y globos que flotaban entre la multitud. Para muchos, esos objetos son recuerdos baratos y una forma de integrarse a la fiesta. Para otros, son el síntoma de una mercantilización creciente de las celebraciones cívicas, en las que el espacio público se llena de vendedores informales sin regulación sanitaria ni control de residuos.
María, maestra de primaria que acudió con su familia, comentó a este diario que la oferta es amplia pero siempre entrañan molestias: “Es bonito ver a la gente disfrutar, pero luego quedan montones de basura y no todos pueden moverse con facilidad entre los puestos”. Testimonios como el suyo coinciden con las observaciones de organizaciones civiles que han señalado la falta de mecanismos eficientes para la limpieza y la movilidad durante eventos multitudinarios.
El concierto de Intocable aportó la banda sonora popular de la noche y atrajo a públicos jóvenes y de zonas metropolitanas. La Secretaría de Seguridad Ciudadana desplegó operativos para controlar el acceso y la vialidad, y según la dependencia, no se registraron incidentes mayores. No obstante, activistas y vecinos han reclamado transparencia sobre los recursos destinados a la logística y la seguridad, y han pedido evaluaciones públicas posteriores al evento.
Hay dos caras en esta celebración. Por un lado, la masividad y la oferta cultural gratuita acercan a la población a la conmemoración nacional; por otro, la acumulación de vendedores informales y objetos de un solo uso evidencia fallas en la gestión urbana. Desde la perspectiva de políticas públicas, el reto es combinar espectáculo con responsabilidad: regular la economía informal sin criminalizar a quienes dependen de ella, y aplicar protocolos de manejo de residuos que reduzcan el impacto ambiental.
Propuestas concretas que han circulado en el ámbito ciudadano y que ganan sentido tras noches como esta incluyen permisos controlados para vendedores con criterios sanitarios, puntos de reciclaje visibles, campañas de concienciación entre asistentes, y programas de capacitación para trabajadores informales. Además, mejorar la accesibilidad y las rutas de evacuación beneficiaría especialmente a personas mayores y con discapacidad, que suelen quedar relegadas en eventos multitudinarios.
La celebración del Grito en el Zócalo volvió a demostrar que los grandes actos cívicos son también un termómetro de la ciudad: muestran lo que celebramos y lo que todavía debemos ajustar. Si la autoridad quiere que la plaza sea un espacio de encuentro genuino, es necesario que las políticas públicas no solo faciliten conciertos y ceremonias, sino que cuiden la convivencia, el ambiente y el empleo informal de manera integral. Así lo sugieren tanto observadores de La Jornada como colectivos locales que trabajan en la mejora de eventos públicos.
La noche terminó con fuegos artificiales y canciones, pero la pregunta persiste: ¿quién recoge el color al amanecer, y con qué plan se evita que vuelva a convertirse en basura al siguiente grito?

