Construir teatros, no espejismos: urge una ley del espectáculo que salve a los independientes
La promesa de sedes propias se desmorona cuando el dinero desaparece: una invitación a repensar Paice y a copiar lo que funciona en Colombia.
La historia se repite en cientos de municipios: una agrupación cultural sueña con un teatro y la convocatoria gubernamental llega como un espejismo. El Programa de Apoyo a la Infraestructura Cultural de los Estados (Paice) fue herramienta para que universidades, gobiernos y algunas agrupaciones levantaran sedes, pero su presupuesto se desplomó. De los 600 millones de pesos reportados en 2018 a apenas 20 millones en 2019 —con un ligero repunte en años posteriores—, la capacidad de soñar y construir quedó reducida a migajas.
¿Qué significa esto en la práctica? Para una agrupación de la sociedad civil (OSC) competir en la misma convocatoria que un gobierno municipal o una universidad es como correr una carrera de burros contra caballos: desigual e injusto. Si la tendencia que marca Paice sigue, la convocatoria de 2026 podría traducirse, según cálculos conservadores basados en la dotación histórica, en alrededor de un millón de pesos por entidad de la República. ¿Para qué alcanza eso hoy? Para una barda, quizá los cimientos, o la reparación urgente del techo para que no caiga sobre el público, pero no para construir ni equipar un teatro digno.
| Año | Presupuesto aproximado (MXN) |
|---|---|
| 2018 | 600,000,000 |
| 2019 | 20,000,000 |
| 2026 (estimación si la tendencia continúa) | ~1,000,000 por entidad |
Materiales caros y promesas baratas
El costo real se come las ilusiones. En el sexenio pasado los materiales de construcción subieron de forma significativa; gestores y constructoras reportaron aumentos que en algunos rubros llegaron a duplicar o triplicar precios, y el acero sufrió incrementos especialmente severos. Con esos números, la aportación pública que llega a las OSC es insuficiente para adquirir predios, mucho menos para construir o equipar salas con normas mínimas de seguridad y confort.
¿Qué propone la vía alternativa? Una Ley del Espectáculo Público como estímulo parafiscal
La experiencia de Colombia, que entró hace 14 años en un mecanismo de financiación mediante una Ley del Espectáculo Público (LEP), muestra resultados tangibles: fondos recaudados de grandes espectáculos han permitido a organizaciones culturales comprar inmuebles, remodelarlos, equiparlos y sostener programación. Esa lógica —un impuesto a espectáculos de gran escala cuyo rendimiento se destina a infraestructura cultural— podría ser un complemento y un respaldo para un Paice renovado y justo.
No es quitarle a nadie, es redistribuir con sentido
El punto clave no es rellenar con más promesas presupuestales sino diseñar reglas claras. Algunas propuestas concretas y realizables:
- Separar convocatorias por categoría: gobiernos estatales, municipales, universidades y OSC deben competir en franjas distintas, con montos mínimos asignados por categoría.
- Crear un fondo parafiscal inspirado en la LEP colombiana: gravar espectáculos masivos (construcción de una tasa sobre boletos de grandes conciertos, eventos deportivos, corridas de toros, etc.) y destinar recursos exclusivamente a infraestructura escénica independiente.
- Transparencia y rubros exigibles: que los recursos cubran compra de predios, obra civil, equipamiento técnico y contingencias de mantenimiento, no devengan en gastos administrativos opacos.
- Reglas de cofinanciamiento y contrapartidas sociales: priorizar proyectos con impacto comunitario, formación y permanencia de audiencias locales.
- Comités mixtos de evaluación: incorporar a gestores culturales y OSC en las comisiones que definen criterios y distribuyen fondos para evitar favoritismos institucionales.
Voces desde el terreno
Gestores culturales consultados coinciden en la sensación de asfixia: «Nos piden proyectos como si tuviéramos acceso a crédito o terrenos cuando la realidad es otra», señala uno de ellos. Otra coordinadora de teatro independiente resume: «Si tengo que pelear por recursos con un ayuntamiento que pide para una sede municipal, sé que voy a perder. La competencia no puede ser desigual.»
Riesgos y beneficios
Crear una LEP y reorganizar Paice no es una varita mágica. Hay riesgos: mala administración, captura política del fondo o que la tasa sobre espectáculos encarezca boletos y aleje audiencias. Pero los beneficios pueden ser mayores: acceso a infraestructura digna para comunidades, generación de empleo cultural local, reducción de la precariedad técnica y de seguridad en los espacios, y mayor diversidad programática.
Conclusión: una decisión de país
La cultura no puede depender de milagros presupuestales o del azar de una convocatoria. Pasar de espejismos a obras concretas exige voluntad política, diseño técnico y escucha a quienes viven la escena día a día. Paice necesita volver a ser herramienta de sueños realizables y una Ley del Espectáculo Público, tomada como estímulo parafiscal probado en la región, puede ser la palanca que permita a los independientes construir teatros y no solo parches. Si México quiere que su cultura escénica florezca, la hora de decidir es ahora.
¿Qué puedes hacer como ciudadano?
- Exigir transparencia en las convocatorias de Paice en tu estado.
- Apoyar propuestas de ley que contemplen un fondo para infraestructura cultural.
- Visibilizar proyectos de OSC locales y pedir a autoridades espacios de diálogo donde los criterios de apoyo sean claros y equitativos.

