Veto escolar a comida chatarra sacude al IEPS: recaudación aumenta solo 1.1% y crecen dudas sobre su futuro

La prohibición de venta de comida chatarra en escuelas reduce el consumo entre niños, pero deja al impuesto especial (IEPS) tambaleando: la recaudación sube apenas 1.1%. Mientras tanto, sigue en la lista de pendientes el aumento del gravamen del 8% al 20% y la trazabilidad para que lo cobrado llegue realmente a la salud pública.

La política pública que busca proteger a los niños comenzó a notarse en los hábitos dentro y fuera de las escuelas, pero el impacto fiscal es más tibio de lo esperado. Según datos oficiales, la recaudación del IEPS ligado a productos altos en calorías y azúcares creció apenas 1.1% en el último periodo reportado, una cifra que no logra compensar las expectativas de las autoridades que plantearon el impuesto como herramienta dual: desalentar consumo y financiar salud.

La medida de veto escolar funciona como un imán para la salud pública: reduce la exposición y limita la compra impulsiva. Sin embargo, en la otra cara de la moneda el impuesto enfrenta tres problemas claros:

  • Base gravable en movimiento: la prohibición en planteles desplaza el consumo a otros puntos de venta, fomenta compras previas o la aparición de sustitutos no gravados, por lo que el IEPS no crece al ritmo esperado.
  • Propuesta de aumento sin consenso claro: la idea de subir el IEPS del 8% al 20% ha reavivado el debate: la industria advierte sobre pérdida de empleo y precios, mientras organizaciones de salud argumentan que es indispensable para frenar la epidemia de sobrepeso y financiar programas sanitarios.
  • Falta de trazabilidad: aún no existe un mecanismo sólido que garantice que lo recaudado por este impuesto se canalice íntegramente a la atención y prevención en salud, lo que reduce la confianza ciudadana y la legitimidad de la medida.

Expertos en política fiscal y salud pública consultados señalan que un crecimiento de 1.1% en la recaudación es insuficiente si el objetivo es financiar políticas de prevención y tratamientos derivados de enfermedades relacionadas con la alimentación. «Si solo cambia el punto de venta y no la demanda, el impuesto tiene un efecto recaudatorio limitado», explica un especialista en economía de la salud.

La industria alimentaria ya ha reaccionado con cambios tácticos: reformulaciones parciales de productos, campañas de mercadotecnia fuera de horario escolar y promoción en canales digitales. Las autoridades, por su parte, han reforzado inspecciones en planteles y difundido campañas educativas, pero el problema que queda en evidencia es que la política fragmentada —veto escolar por un lado, impuesto por otro— necesita coordinación y transparencia.

Pendiente Riesgo
Aumentar IEPS del 8% al 20% Impacto en precios, posible evasión o desplazamiento del consumo
Trazabilidad de recursos Desconfianza ciudadana y uso ineficiente de fondos
Medidas de acompañamiento (educación, acceso a alimentos saludables) Si faltan, el veto y el impuesto serán parche, no solución

Qué se necesita ahora: medidas complementarias que no dejen al impuesto como un cajón misterioso. Primero, transparencia: crear trazabilidad pública de la recaudación y su destino en salud. Segundo, políticas integradas: combinar el veto escolar con subsidios para alimentos saludables en planteles y regulación de la publicidad dirigida a menores. Tercero, evaluación constante: monitorear consumo, precios y recaudación para ajustar tasa y alcance del IEPS sin efectos colaterales indeseados.

En la práctica cotidiana, esto significa que padres y docentes podrían ver menos tentaciones en las filas de la escuela, pero si los recursos fiscales no se canalizan correctamente no habrá más personal de salud en las clínicas ni programas de prevención en comunidades. La balanza entre salud pública y recaudación fiscal sigue tambaleando: la prohibición en escuelas demuestra que el cambio de comportamiento es posible, pero el impuesto, por ahora, no empuja lo suficiente para hacer la diferencia a gran escala.

Conclusión. El veto escolar muestra avances tangibles en la reducción de la exposición de niñas y niños a comida chatarra. Pero el IEPS, que debía ser la caja fuerte para financiar la respuesta sanitaria, creció apenas 1.1% y enfrenta dudas serias: ¿subir la tasa a 20% o mejorar la administración y la transparencia de lo ya recaudado? La respuesta definirá si la política es un golpe de efecto o una estrategia sostenida para cuidar la salud de las próximas generaciones.

Con información e imágenes de: Expansión.mx