Que no se mueran los telones: por qué México necesita una LEP para espacios escénicos independientes

La supervivencia de los teatros autogestivos depende hoy de una decisión política: repetir el modelo colombiano o resignarse a ver cerrar salas y proyectos que sostienen la vida cultural de los barrios.

La Secretaría de Cultura federal mantiene programas como México en Escena–Grupos Artísticos (MEGA) dentro del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC), herederos del antiguo Fonca, inspirados en esquemas como las Salas Concertadas de Colombia. Sin embargo, esos estímulos son escasos y no alcanzan a cubrir la realidad económica de los Espacios Escénicos Autogestivos. En los pasillos institucionales sigue repitiéndose la pregunta: ¿cuándo serán autosustentables? La respuesta, probada por la práctica diaria, es clara: nunca.

Lo que cuesta levantar el telón

Una encuesta realizada con foros escénicos de la Asociación Nacional de Teatros Independientes (ANTI) y documentada en dos artículos publicados en La Jornada Morelos muestra cifras contundentes:

Concepto Monto aproximado
Costo diario por levantar telón (gastos operativos) 3,000 a 7,000 pesos
Ingreso promedio de taquilla Generalmente inferior a los gastos diarios; no cubre operación

Como señala el diagnóstico: “producir cultura escénica no es rentable; como tampoco lo es en los teatros institucionales. Que no sea rentable no quiere decir que no sea necesario.” Esa frase resume el choque entre la lógica de mercado promovida por la llamada economía naranja y la naturaleza pública y comunitaria de los espacios escénicos.

¿Qué ha hecho Colombia y por qué debería importarnos?

La Ley del Espectáculo Público (LEP) en Colombia, vigente desde hace más de una década, creó mecanismos parafiscales y líneas de financiamiento estables que han permitido la manutención no precarizada de salas y proyectos autogestivos. En 14 años, esa política transformó no sólo la oferta cultural sino el tejido barrial y comunitario: surgieron circuitos estables, contratos de programación y mejores condiciones laborales para creadores y técnicos.

Eso no significa que la LEP sea una panacea: en Colombia también han surgido críticas por burocracia, concentración de recursos en grandes circuitos y desigualdad regional. Pero el balance es claro: contar con una ley que reconozca el carácter público y social del teatro y financie su operación cambió la regla de juego.

¿Qué podría y debería incluir una LEP para México?

  • Financiamiento parafiscal y estable: un porcentaje fijo sobre boletas, espectáculos comerciales o industrias culturales que se canalice a un fondo para espacios independientes.
  • Subsidio operativo mínimo: apoyos recurrentes que cubran los costos de operación diaria (personal, energía, mantenimiento) para evitar que cada función sea una apuesta al azar.
  • Contratos de programación y seguridad laboral: incentivar pagos justos para el equipo técnico y artistas, con esquemas que no precaricen la cadena productiva.
  • Fondos de capital para infraestructura: inversión en adecuaciones, accesibilidad y seguridad para que las salas no cierren por falta de condiciones básicas.
  • Distribución regional y equidad: mecanismos que prioricen municipios y regiones con menor oferta cultural y no concentren recursos en grandes centros urbanos.
  • Gobernanza tripartita: mesas con representantes de espacios, gobierno y sociedad civil para decidir criterios, transparencia y rendición de cuentas.
  • Monitoreo y evaluación: indicadores claros de impacto social (participación comunitaria, empleo cultural, formación) y no sólo de “rentabilidad”.

Posibles fuentes de financiamiento

  • Parafiscalidad moderada sobre ventas de espectáculos comerciales o plataformas culturales.
  • Asignaciones presupuestarias anuales vinculadas a metas de descentralización cultural.
  • Mecanismos de coinversión público-privada con salvaguardas para evitar captura por intereses comerciales.
  • Impuestos específicos con destine directo al fondo LEP, administrado con transparencia.

Riesgos y objeciones

No todo es fácil: quienes temen gasto público adicional arguyen que no hay recursos; defensores de la economía naranja insisten en modelos de “autonomía financiera” que no funcionan en la práctica; y existe el riesgo de que una ley mal diseñada reproduzca centralismo o clientelismo. Cualquier iniciativa debe construirse de abajo hacia arriba, con consulta amplia a los foros y asociaciones como ANTI y con evaluaciones piloto antes de escalar.

Conclusión

Si la cultura es un bien público que sostiene la vida comunitaria, la educación y la ciudadanía, exigir a los espacios escénicos que sean “autosustentables” es tan absurdo como pedirle a una escuela pública que compita por taquilla. México necesita discutir una Ley del Espectáculo Público que garantice ingresos estables, condiciones dignas para el trabajo cultural y una política consciente de descentralización. La alternativa es sencilla y dolorosa: más cierres, más vacíos culturales y barrios menos vivos.

Fuentes consultadas: Encuesta de la Asociación Nacional de Teatros Independientes (ANTI), artículos publicados en La Jornada Morelos sobre el tema, documentos públicos del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC/MEGA) y análisis comparativos sobre la experiencia de la Ley del Espectáculo Público en Colombia.

Si eres gestor, artista o público de un espacio escénico, participa en las consultas locales, exige transparencia en los apoyos y exige políticas que reconozcan que la cultura no puede depender solo de la taquilla.

Con información e imágenes de: Milenio.com