El 19 de septiembre no es una maldición: los datos lo desmienten
La fecha del 19 de septiembre se ha instalado en la memoria colectiva de México como un día maldito: dos terremotos catastróficos, en 1985 y 2017, reforzaron una narrativa que mezcla dolor, rituales y superstición. Pero un repaso serio de los números muestra otra cosa. Un análisis de más de 396 mil movimientos telúricos registrados desde 1900, a partir de las bases de datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), indica que diciembre concentra la mayor cantidad de sismos de magnitud 6 o superior, y que el 19 de septiembre no aparece como una fecha estadísticamente anómala.
No se trata de minimizar la tragedia ni de borrar la memoria de quienes perdieron la vida o quedaron sin hogar. La coincidencia de dos grandes terremotos en la misma fecha es real y simbólicamente potente. Pero desde el punto de vista estadístico, las catástrofes no obedecen a un calendario que marque destinos. Los datos globales y los registros del Servicio Sismológico Nacional (SSN) muestran variaciones estacionales y ciclos geológicos, no una “maldición” fechada.
La analogía ayuda: imaginar que el calendario es un tablero de ruleta y los terremotos las bolas. En algunas zonas la ruleta está cargada por factores geológicos —límite de placas, fallas activas— pero la caída sobre un número concreto en dos ocasiones no convierte ese número en mágico. Lo que convierte esos días en memorables es la combinación entre magnitud del sismo, densidad poblacional y vulnerabilidad de la infraestructura.
Hay además lecciones públicas claras. Si diciembre concentra más eventos de magnitud relevante según el USGS, eso obliga a repensar la gestión del riesgo más allá de conmemoraciones puntuales. La prevención y la mitigación no pueden depender de fechas ni de ceremonias simbólicas: requieren inversión sostenida en normas de construcción, supervisión efectiva y en alertas tempranas. Instituciones como el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) y el SSN han avanzado en sistemas de alerta y en campañas de simulacro, pero el esfuerzo choca con prácticas de tolerancia a la corrupción y debilidades en la aplicación de códigos de construcción, especialmente en zonas de riesgo.
Reconocer que no hay una fatalidad asignada al 19 de septiembre no es una excusa para bajar la guardia. Al contrario: la coincidencia histórica debería servir como recordatorio permanente. Cada edificio mal revisado, cada reglamento que no se hace cumplir, es una “apuesta” que la ruleta puede cobrar en cualquier día del año. Las demandas ciudadanas por transparencia en la reconstrucción, por auditorías técnicas y por financiamiento para vivienda segura son planteamientos que los gobiernos locales y federales deben escuchar con urgencia.
En el plano social, la narrativa del “día maldito” también tiene efectos positivos: ha generado una ciudadanía más atenta, con simulacros que reúnen a escuelas, empresas y familias. Pero la memoria colectiva puede volverse un refugio pasivo si sirve para explicar la tragedia como destino inevitable. La alternativa democrática y constructiva es convertir la memoria en política pública: exigir mejores políticas urbanas, fortalecer los servicios de emergencia y apoyar programas comunitarios de resiliencia.
Los datos del USGS y los registros del SSN no le quitan drama a las historias humanas; las ponen en perspectiva. Si aceptamos que no hay fechas fatales inscritas en el calendario, entonces la responsabilidad recae en las decisiones que tomamos todos los días: dónde permitimos construir, cuánto exigimos a los responsables de obra, cómo financiamos la reconstrucción y qué recursos destinamos a protección civil.
En ese sentido, la interpretación pública debe cambiar: de la superstición a la exigencia. Las conmemoraciones del 19 de septiembre pueden y deben seguir siendo actos de memoria, pero también deben ser plataformas de denuncia y propuestas. Pedir cuentas a las autoridades, apoyar proyectos de vivienda segura y participar en simulacros son formas concretas de reducir el riesgo, aquí y ahora, independientemente del calendario.
Fuentes consultadas: análisis de la base de datos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) y los registros del Servicio Sismológico Nacional (SSN); informes y recomendaciones del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED).
