Morena acelera destapes en redes y desata fricciones entre militantes
Morena intensificó en los últimos días la promoción en redes sociales de los tres últimos coordinadores estatales nombrados por la dirigencia nacional, una práctica que, lejos de consolidar la estructura, ha provocado choque y malestar entre sectores de su propia militancia. Según reportes de La Jornada, la difusión pública de estos “destapes” se hizo sin mayores consultas internas y encendió críticas en grupos locales que esperaban procesos más participativos.
Para muchos militantes consultados por La Jornada, la estrategia se parece a abrir una ventana para que salga todo el aire acumulado en las oficinas nacionales: la prisa por mostrar “avances” en la organización electoral ha dejado al descubierto tensiones históricas entre cuadros territoriales y la dirigencia central. Es una metáfora simple: cuando se empuja la tapa con demasiada fuerza, lo que salta no siempre es lo que querías.
El choque tiene consecuencias concretas. En municipios y comités estatales se reportan inconformidades que van desde mensajes de protesta en redes hasta peticiones formales de revisión de los nombramientos. Militantes y simpatizantes señalan que la promoción pública, antes que fortalecer la unidad, alimenta disputas por candidaturas y poder local, y erosiona la confianza en la transparencia del proceso.
El problema no es solo simbólico. En términos prácticos, la percepción de decisiones tomadas a puerta cerrada puede traducirse en desmovilización en territorios clave, pérdida de capital político y desgaste en la imagen del partido entre electores que valoran la democracia interna. En palabras de un activista local citadas por La Jornada, “los procedimientos importan tanto como los nombres”.
La aceleración de los destapes responde, en parte, a la presión por mostrarse organizados antes de las próximas etapas electorales. Pero la precipitación choca con la promesa de Morena de construir desde la base; cuando las bases sienten que se las posterga o se las ignora, la reacción puede ser tanto defensiva como desmoralizante.
¿Qué puede hacer la dirigencia para calmar aguas y recuperar confianza? En primer lugar, transparencia: explicar los criterios de selección y abrir canales de diálogo con las dirigencias locales. En segundo lugar, mecanismos verificables de participación que permitan reconocer y legitimar a las bases. Finalmente, reconocer errores institucionales y ofrecer rutas de impugnación claras evitaría que las diferencias terminen en fracturas permanentes.
La jornada de promoción en redes no es en sí misma mala; las herramientas digitales pueden acercar y agilizar. El riesgo aparece cuando la rapidez sustituye al consenso y cuando las imágenes de unidad en Twitter contrastan con descontento en las calles y en las estructuras locales. Como recuerda La Jornada, la política no se decide solo con anuncios virales: se construye con tejidos locales que, si se rompen, cuestan mucho recomponer.
Morena enfrenta así un desafío doble: actuar con eficiencia organizativa sin perder de vista la legitimidad interna que sustenta su proyecto político. El tiempo dirá si la apuesta por la visibilidad en redes se traduce en fuerza electoral o en una factura de cohesión difícil de pagar.

