Perros adoptados y entrenados, la última estrategia de México para hacer frente al gusano barrenador

Indiana es una perra de talla grande. Es criolla, pero parecería que tiene rasgos de pitbull. María Lourdes de Alarcón, su instructora, la guía con su correa. Ambas entrenan en el interior de un vivero que tiene como objetivo simular las condiciones de clima de la localidad de Catazajá, en Chiapas, al sur de México, donde el clima puede alcanzar una temperatura entre 35 y 40 grados. Habitualmente el calor sería fatigante ahí dentro, pero debido al frente frío en el país la práctica se ha hecho más llevadera. Es un espacio controlado donde la unidad canina se prepara para evitar que entren plagas y enfermedades a México. Aún le quedan dos meses de instrucción, pero una vez esté preparada, junto a otros cinco canes, serán la próxima generación de oficiales de inspección (de cuatro patas) a la orden del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica), que serán un filtro más para intentar detener la propagación de la plaga del Gusano Barrenador del Ganado (GBG).

Una amenaza silenciosa y un ingenioso escudo

El Gusano Barrenador del Ganado (GBG), cuyo nombre científico es Cochliomyia hominivorax, es mucho más que una simple plaga. Es un parásito voraz que, en su estado larval, se alimenta del tejido vivo de animales de sangre caliente, incluyendo al ganado e incluso a los humanos. Las heridas infestadas pueden llevar a la muerte del animal si no se tratan, causando un sufrimiento inmenso y, lo que es igual de grave para nuestro país, pérdidas económicas devastadoras. México, junto con Estados Unidos y Centroamérica, ha logrado la proeza histórica de erradicar esta plaga de su territorio, un logro monumental que se mantiene gracias a una vigilancia constante y programas de control sofisticados.

Sin embargo, la amenaza de su reintroducción es una sombra persistente, especialmente desde países del sur del continente donde el GBG aún es endémico. Un solo caso puede desencadenar una epidemia, afectando a la ganadería nacional, poniendo en riesgo la seguridad alimentaria y cerrando mercados internacionales a nuestros productos. Es aquí donde la labor del Senasica es fundamental, actuando como el principal guardián sanitario de nuestras fronteras y nuestro campo.

Narices expertas al servicio de la nación

La estrategia de integrar perros a las filas de inspección de Senasica es un paso innovador y cargado de sentido. Los perros, con su excepcional sentido del olfato, son capaces de detectar la presencia del Gusano Barrenador del Ganado en sus primeras etapas, a través de los compuestos volátiles que emiten las heridas infestadas o las propias larvas. Esta capacidad supera con creces las limitaciones de la inspección visual, especialmente en puntos de entrada donde el flujo de mercancías y personas es constante y rápido.

Los seis canes, incluyendo a Indiana, no son solo «detectores». Son perros adoptados, muchos de ellos rescatados, a quienes se les ha dado una segunda oportunidad y un propósito vital. Su entrenamiento es riguroso, simulando las condiciones reales que encontrarán en puertos, aeropuertos y puntos fronterizos. Aprenderán a identificar el olor específico del GBG en diversas situaciones, desde cargamentos hasta vehículos, sin causar estrés a los animales ni interferir con las operaciones comerciales. Su despliegue representará un aumento significativo en la capacidad de detección temprana, un escudo invisible pero potente contra esta plaga.

Un futuro más seguro para nuestro campo

La inversión en estas unidades caninas no es solo una cuestión de tecnología o eficiencia, es un compromiso con el bienestar de nuestro campo y nuestra gente. Al prevenir la entrada del Gusano Barrenador, protegemos a miles de ganaderos mexicanos de perder sus animales y sus medios de vida. Aseguramos que la carne y los productos lácteos que llegan a nuestras mesas sigan siendo seguros y de calidad. Mantenemos el estatus sanitario de México, un factor crucial para nuestra economía y nuestras exportaciones agrícolas.

El trabajo de instructores como María Lourdes de Alarcón es un testimonio del profesionalismo y la dedicación que hay detrás de estas iniciativas. Ver a Indiana y a sus compañeros, perros que antes no tenían hogar, transformarse en defensores de la salud agropecuaria nacional, es una historia que inspira. Es un recordatorio de que las soluciones más ingeniosas a menudo combinan la ciencia con un profundo sentido de comunidad y el respeto por otras formas de vida. México avanza, con una estrategia que demuestra que la protección de nuestro patrimonio natural y productivo es una tarea que involucra a todos, incluso a aquellos con cuatro patas y un olfato extraordinario.

Con información e imágenes de: elpais.com