Imss cancela compra de máquinas y crece la sospecha: ¿la anestesia aumenta el dolor?
En medio de protestas por fallas en el servicio y demandas sindicales, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) decidió cancelar una compra masiva de máquinas de anestesia. La medida avivó una controversia que mezcla miedo, política y técnica: pacientes y trabajadores acusan que, en varios hospitales, la anestesia no solo falla, sino que estaría vinculada a un aumento en el dolor postoperatorio.
El Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS) señaló públicamente que equipos defectuosos y la falta de mantenimiento explican parte de las quejas. “Los anestesiólogos reportan alarmas constantes, calibraciones imprecisas y protocolos improvisados”, dijo el sindicato en un comunicado al que tuvo acceso este periódico. Usuarios y familiares, por su parte, relatan experiencias donde una cirugía que prometía alivio terminó en noches de dolor y angustia.
La versión institucional fue distinta. El IMSS informó que la cancelación obedeció a irregularidades en el proceso de compra y la necesidad de revisar especificaciones técnicas y garantías. En su comunicado, la institución aseguró que la seguridad de los pacientes es prioritaria y que se reforzarán las revisiones clínicas y administrativas en los hospitales afectados.
Desde el punto de vista médico, la situación no es sencilla. La Sociedad Mexicana de Anestesiología advirtió que la percepción de “aumento del dolor” puede obedecer a varias causas: mala programación de dosis, ausencia de monitorización adecuada, fallas en los equipos o protocolos de analgesia insuficientes para cirugías complejas. “La máquina por sí sola no ‘aumenta’ el dolor; lo que puede ocurrir es una suma de fallos —equipos sin mantenimiento, carencia de insumos, falta de personal formado— que termina dejando a los pacientes sin la analgesia necesaria”, explicó un especialista que prefirió conservar anonimato por razones laborales.
El conflicto ha tenido impacto en la atención: cirugías programadas se han pospuesto, y familias denuncian falta de información y de alternativas. Para muchos, la cancelación de la compra parece un parche administrativo que no resuelve el problema de fondo: hospitales con plazas sin cobertura, contratos de mantenimiento escasos y un presupuesto público de salud que no alcanza para sostener equipos modernos y personal capacitado.
Esta crisis se desarrolla en un contexto de mayor escrutinio público sobre compras públicas. Organizaciones civiles han pedido transparencia en los procesos de adjudicación y en las especificaciones técnicas que determinan qué equipos son aptos para hospitales del país. La Secretaría de Salud, por su parte, ha sido emplazada a coordinar una auditoría técnica y administrativa que clarifique responsabilidades.
En la práctica, lo que está en juego es cotidiano: pacientes que confían en llegar al quirófano y despertar sin dolor, trabajadores que exigen condiciones dignas para ejercer, y la autoridad que debe garantizar ambos derechos. Como en una obra donde las luces fallan, no basta con cambiar el foco; hay que revisar el cableado, la instalación y la capacitación de quienes operan la consola.
Las voces médicas piden medidas concretas: revisión y calibración inmediata de equipos, protocolos estandarizados de analgesia, inversión en mantenimiento y en formación continua del personal. El SNTSS exige, además, que cualquier nueva compra sea pública, competitiva y con cláusulas de mantenimiento y capacitación obligatorias. El IMSS asegura que implementará inspecciones y cursos para el personal, pero hasta ahora no ha detallado un calendario público.
Mientras tanto, pacientes y colectivos de usuarios organizan mesas de queja y búsqueda de información sobre sus derechos. La discusión ya no es solo técnica: es política y social. El reto para las autoridades será demostrar que priorizan la salud y la seguridad por encima de la lógica de los atajos administrativos. Si no, el riesgo es que el ruido de la protesta se convierta en un eco permanente en las salas de cirugía y en las casas de quienes esperan una atención digna.
Fuentes consultadas: IMSS, Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social y Sociedad Mexicana de Anestesiología.

