Kalimba se declara rockero y cuestiona la fábrica de conciertos pop
Kalimba, el músico de 43 años que saltó a la fama con OV7, vuelve a encender la polémica: en una charla con el locutor Mariano Osorio el cantante se deslindó del pop masivo y fustigó los espectáculos que, a su juicio, se repiten como una maquinaría sin alma. «Yo me considero rockero», dijo, y abrió el debate sobre qué buscamos realmente cuando pagamos una entrada.
«No soy tan fan de los poperos», afirmó Kalimba durante la entrevista, y agregó que los conciertos de ese mundo están más enfocados en el espectáculo: «Prefiero ir a ver el Circo del Sol, que a la música». Señaló además su admiración por bandas y músicos que reinventan cada presentación —Oasis, Rolling Stones, Gary Clark Jr.— y criticó los shows que podrían seguir funcionando aun si el artista no estuviera sobre el escenario.
Qué dijo exactamente
- «Los conciertos de los poperos están más dedicados al espectáculo…» (entrevista con Mariano Osorio).
- «Si eso es todo lo que me diste, que incluso te puedo quitar del escenario y el concierto sigue corriendo, no me estás dando nada.»
- Recordó además que ya lo había expresado en el documental Cuatro labios: «No soy popero, me considero rockero».
Más que una queja: una visión artística
La postura de Kalimba no es solo nostalgia por los grandes guitarreros: plantea una discusión legítima sobre la creación musical y la experiencia del público. Para él, la diferencia clave está en la imprevisibilidad y la creación constante. Los defensores del espectáculo argumentan que el pop incorpora producción, narrativa visual y entretenimiento que también son válidos. Ambos lados tocan fibras reales del mercado cultural:
| Conciertos tipo «pop» | Conciertos tipo «banda/rock/creación constante» |
|---|---|
| Alta producción visual y coreografías repetibles | Improvisación, variaciones musicales y enfoque en la interpretación |
| Experiencia estandarizada para grandes audiencias | Experiencia única que cambia función a función |
| Mayor dependencia de técnicos, pantallas y guion | Mayor protagonismo del músico y su banda |
Impacto cultural y comercial
El comentario de Kalimba llega en un momento en que los conciertos son también grandes negocios: festivales, giras planeadas al detalle y producción que eleva costos y expectativas. Su crítica plantea preguntas puntuales:
- ¿El público prefiere la certeza y el espectáculo o busca riesgo y sorpresa?
- ¿Las giras industriales empujan a los artistas a priorizar el formato sobre la música?
- ¿Qué papel juegan los reencuentros y los formatos nostálgicos en esa tensión?
OV7, reconciliación y matices
El locutor recordó que OV7, grupo que lo lanzó al estrellato, encarna muchas de las características que critica. Kalimba respondió con oficio: dijo que ama a sus excompañeros, que ha vuelto a los reencuentros porque disfruta el escenario con ellos, pero que el proyecto como tal «no es mi máximo». Aquí el artista separa afecto personal y pertenencia artística: puede participar del espectáculo sin que ese espectáculo alcance su máxima aspiración creativa.
Lectura final
La declaración de Kalimba es catarsis y provocación: obliga a escuchar no solo al artista sino también al público y a la industria. Hay quienes celebran la pulcra maquinaria del pop porque les da una experiencia perfecta; hay otros que buscan el riesgo de una nota distinta cada noche. Ambos modelos son válidos y coexisten. Lo que propone Kalimba es que los creadores recuperen la apuesta por la sorpresa y la innovación como acto de respeto hacia su oficio y su público.
Si algo queda claro, es que este debate no es menor: habla de cómo consumimos cultura, de qué valoramos en un concierto y de qué tipo de música queremos que nos acompañe en las próximas décadas.
