De Iztapalapa para el mundo: la pasión de Cristo declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad
En el corazón de Iztapalapa, una tradición con casi dos siglos de antigüedad, la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, ha sido reconocida a nivel mundial. Ayer, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) la inscribió en la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, un logro que resalta la fe, el compromiso y el amor profundo de una comunidad.
Esta manifestación, que cada año congrega a millones y es un reflejo vivo de la identidad de los ocho pueblos de Iztapalapa, ahora forma parte del acervo cultural de toda la humanidad. El anuncio, proveniente de Nueva Delhi, India, donde se llevó a cabo la vigésima sesión de la Unesco, fue recibido con profunda emoción.
Edaly Quiroz Moreno, subdirectora de Patrimonio Cultural Inmaterial del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), compartió con MILENIO la indescriptible alegría que embarga a la comunidad. «Había mucho nerviosismo, y también un profundo orgullo y satisfacción por el esfuerzo y la fortaleza del trabajo comunitario a prueba de desafíos», declaró. «No siempre un reconocimiento de este tipo es seguro, puede estar sujeto a diversos factores, incluso de índole diplomática; celebramos que la Unesco haya emitido su recomendación favorable, marcando un hito muy importante para la comunidad de Iztapalapa y de México».
El camino hacia esta declaratoria no fue corto. Diego Prieto, titular de la recién creada Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad (UCVPII) y quien jugó un papel crucial en la consolidación del expediente técnico, recordó los inicios de este sueño. «Ahora sí que: ‘De Iztapalapa para el mundo’, ya que con dicha declaratoria la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, aporta esta enorme tradición viva a la cultura universal», exclamó.
La iniciativa cobró impulso en 2019, cuando la entonces jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, pidió a Prieto impulsar la postulación. Ya se había declarado el ciclo ritual de la Semana Santa como Patrimonio Inmaterial de Ciudad de México, pero el reto era alcanzar la inscripción mundial. «Hubo una conferencia matutina en 2019 con la participación de muchas personas, algunas caracterizadas como personajes de la representación, donde tomamos el compromiso con la jefa de gobierno para avanzar en este expediente», explicó Prieto.
El proceso de conformación del expediente implicó un trabajo cercano con los representantes de los ocho barrios de Iztapalapa y la entonces alcaldesa Clara Brugada, ahora jefa de gobierno. Desde Nueva Delhi, Edaly Quiroz Moreno enfatizó que la candidatura se basó en los pilares de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco: la participación comunitaria, el consentimiento libre, previo e informado, y la voluntad de la comunidad que mantiene viva la expresión cultural.
La Unesco reconoció en esta representación un reflejo del patrimonio vivo y cultural inmaterial, esencial en la vida cotidiana de los ocho barrios y fundamental para la identidad colectiva y los vínculos intergeneracionales.
Un legado que renace de una promesa ancestral
La historia de esta representación se remonta a 1833, cuando una promesa fue hecha al Señor de la Cuevita durante una devastadora pandemia de cólera morbus. Fue en 1843 cuando surgió la primera representación, una práctica arraigada en el teatro evangelizador pero adaptada a las dinámicas comunitarias de Iztapalapa. «Lo que la Unesco realmente valoró fue la transmisión generacional auténtica y vigente», aseguró Quiroz Moreno. A pesar de las dificultades, esta tradición ha sobrevivido y evolucionado, manteniendo su centralidad en la identidad comunitaria.
Retos y compromisos para el futuro
La declaratoria, si bien es un motivo de celebración, marca también el inicio de un compromiso para la salvaguardia de esta valiosa tradición. Las principales líneas de acción incluyen:
- Establecer mecanismos efectivos para la transmisión generacional, asegurando que los jóvenes continúen con esta práctica.
- Mejorar las condiciones de seguridad, en particular la protección civil, dada la magnitud del evento.
- Preservar los elementos materiales que sustentan la representación, incluyendo espacios dignos para ensayos y la memoria histórica local.
Edaly Quiroz Moreno señaló que el desarrollo de la representación en un contexto urbano y metropolitano como la Ciudad de México presenta desafíos asociados a la globalización y los cambios de intereses. «La declaratoria no es un punto final, sino el inicio de un compromiso para preservar esta expresión cultural desde múltiples ámbitos: gobierno, sociedad y comunidad», afirmó. El éxito radicará en la implementación de un «Plan de Salvaguardia construido de manera conjunta y transparente con la comunidad», una política pública interinstitucional sólida que garantice la continuidad y el fortalecimiento de la manifestación, adaptándose a las dinámicas actuales sin perder su esencia.
