Recorrido nostálgico: así sonarían los clásicos y las sorpresas de Iron Maiden en México
La velada se convertiría en un viaje para los más nostálgicos del heavy metal, prometiendo un repaso por los primeros nueve discos de la banda.
Imaginemos un setlist pensado para la devoción: un concierto que, como señalan reseñas en Rolling Stone México, recupere el pulso de Iron Maiden desde su debut homónimo (1980) hasta Fear of the Dark (1992). Ese bloque fundacional contiene himnos que han tejido memoria colectiva: “Phantom of the Opera”, “Run to the Hills”, “Hallowed Be Thy Name”, “The Trooper” y “Aces High” seguirían siendo el latigazo alocadamente conocido por generaciones de seguidores.
Pero un “setlist soñado” no solo repite éxitos previsibles. Para entusiasmar a las y los fans más exigentes, debería alternar grandes singles con piezas menos tocadas en estadios: “Prowler” y “Iron Maiden” para la pureza del inicio, “Wrathchild” o “Killers” para la rudeza punk-metal temprana, canciones de Somewhere in Time como “Wasted Years” y “Stranger in a Strange Land” para ese aire melódico ochentero, y cortes épicos como la canción que da nombre a Seventh Son of a Seventh Son para recuperar la ambición progresiva de la banda.
Entre las sorpresas plausibles habría espacio para B-sides o cortes de gira que raramente aparecen en estadios mexicanos: versiones completas de “Rime of the Ancient Mariner” o arreglos extendidos de “Seventh Son…”, además de alguna rareza de sus primeros años que agradecerían los nostálgicos. Todo ello con la mascota Eddie como elemento visual ineludible, un gesto estético que según El Universal ha sido parte del ritual de las presentaciones de la banda en México desde los 80.
La propuesta musical tiene un lado luminoso y otro que merece crítica. En lo positivo, un recorrido así reconcilia generaciones, alimenta la escena local y visibiliza la importancia del patrimonio cultural del rock. En lo negativo, como advierten activistas culturales y columnistas citados por Rolling Stone México, las grandes giras suelen priorizar ingresos sobre accesibilidad: precios altos y zonas VIP transforman el disfrute en un privilegio, mientras que las políticas públicas culturales en muchas ciudades no garantizan espacios asequibles para que los nuevos públicos se formen.
Si Iron Maiden decide montar esta celebración en México, sería una oportunidad para que autoridades y promotores piensen en medidas que amplíen el acceso: boletos a precios populares para secciones limitadas, entradas comunitarias para jóvenes o apoyos logísticos a espacios independientes que multiplican la oferta musical. Un show que homenajee el pasado puede y debe conectarse con el presente social.
En definitiva, el setlist soñado es mucho más que una lista de canciones. Es un acto de memoria colectiva y una prueba de cómo la música popular convive con decisiones económicas y culturales. Si la banda opta por ese viaje por sus primeros nueve discos, la responsabilidad estará en quienes organizan el encuentro para que el festín sea también una experiencia democrática y formativa para las nuevas generaciones.
Fuente: Rolling Stone México, El Universal.
