Inversión verde desafía a China y marca récord mundial pese al tropiezo Pekín

Mientras Keir Starmer viaja a Pekín, el dinero hacia energías limpias crece en todo el planeta; la caída china es un bache, no el final del impulso ecológico, pero persisten riesgos: dependencia industrial y aún mucho dinero en combustibles fósiles.

Bienvenidos. La foto global de la transición energética no es en blanco y negro: es una película con giros. Según el informe más reciente de BloombergNEF, la inversión mundial en “transición de energía” subió un 8% en 2024 y alcanzó un nuevo récord de 2,3 billones de dólares. Y eso a pesar de que China —hasta ahora la locomotora incontestable de la revolución renovable— redujo su inversión en el sector un 4%.

¿Qué significa esto para la gente común? Más inversiones implican más parques eólicos, más placas solares, más baterías y más coches eléctricos en las calles. Pero también implican que la transición depende aún de decisiones políticas y de fábricas situadas a miles de kilómetros. Es decir: hay avances, pero el viaje sigue siendo incierto.

Los datos clave

Concepto 2024 (variación)
Inversión global en transición energética 2,3 billones $ (+8%)
China (inversión en transición) -4% (primera caída desde 2013); representa ~1/3 del total)
Inversión en renovables de la UE 126.000 millones $ (+12%)
Capital en “transición de energía” en la UE 455.000 millones $ (+18%)
Inversión en combustibles fósiles (mundo) 1,19 billones $ (todavía elevada)

(Fuente principal: BloombergNEF; datos complementarios citados por agencias internacionales)

Qué pasó en China y por qué no es el fin del mundo

El frenazo chino tuvo causas internas y previsibles. Pekín cortó los incentivos que habían alimentado una expansión desordenada de eólica y solar: tarifas fijas más generosas, producción desbocada y exceso de capacidad en fabricación de paneles. El resultado fue una caída en la construcción de nuevas plantas y en la inversión en fábricas de módulos solares.

¿Significa esto que China se retira del juego? No. El liderazgo chino sigue siendo sólido: el país aportó alrededor de un tercio del total mundial en 2024, más que los seis países que le siguen juntos. Además, en septiembre el presidente Xi Jinping prometió duplicar la capacidad eólica y solar instalada para alcanzar 3.600 GW en 2035, y el próximo plan quinquenal (marzo) dará pistas sobre la hoja de ruta.

El resto del mundo toma la posta

La buena noticia es que la inversión creció fuerte fuera de China. Europa empujó con fuerza gracias a iniciativas como REPowerEU: la UE elevó su inversión en renovables y en transición energética, y por primera vez las ventas de coches eléctricos superaron a las de gasolina en diciembre en el continente, según datos sectoriales publicados recientemente.

  • Japón: inversión en transición +44%
  • Reino Unido: +36%
  • India: +15%
  • Brasil: +6%
  • Mercados emergentes (sin China): +19%

Estas cifras muestran que la financiación de la transición puede volverse más distribuida y menos dependiente de un único mercado. Pero hay una trampa: muchas piezas clave de la cadena de suministro, como células y módulos solares o componentes para baterías, siguen dominadas por empresas chinas.

La gran contradicción: más verde, pero no suficiente

La inversión en suministro de energía limpia (renovables, almacenamiento, redes) superó por segundo año consecutivo la inversión en combustibles fósiles. Es una señal positiva: la columna vertebral de un sistema eléctrico descarbonizado está recibiendo dinero real. Aun así, el mundo invirtió 1,19 billones de dólares en combustibles fósiles en la última década después del acuerdo de París, lo que muestra que no se ha cerrado la llave del carbón y el petróleo.

En la práctica, eso se traduce en que podemos estar sumando nueva energía sin desmantelar con la suficiente rapidez la vieja. Si seguimos añadiendo renovables encima de una estructura fósil que no se reduce, las emisiones tardarán más en bajar de lo necesario para limitar el calentamiento global.

Impacto cotidiano y ejemplos concretos

  • Familias: más proyectos renovables pueden abaratar la electricidad a medio plazo, pero la transición también exige inversiones en redes y puntos de recarga que, si no se hacen, complican el día a día del conductor de un coche eléctrico.
  • Trabajadores: la reconversión industrial crea empleos verdes, pero hace falta formación y políticas activas para no dejar comunidades petroleras/coaleras atrás.
  • Seguridad energética: diversificar proveedores y fabricar más componentes locales reduce el riesgo de interrupciones y subidas de precios.

Qué deben hacer los gobiernos y las empresas

  • Agilizar la instalación de puntos de recarga públicos y mejorar las redes eléctricas: en Reino Unido, por ejemplo, estudios señalan retrasos que ponen en riesgo metas de vehículos eléctricos.
  • Promover la fabricación regional de componentes críticos para reducir dependencia de una sola cadena de suministro.
  • Priorizar políticas que retiren capacidad fósil obsoleta, no solo añadir capacidad renovable.
  • Exigir transparencia y metas verificables a las empresas que reciben fondos públicos.

Balance

La noticia principal es que la inversión verde mundial está batiendo récords pese al “tropezón” chino. Eso rompe el relato de que solo China puede tirar de la transición. Pero el reverso de la moneda es que la sombra de la dependencia industrial y la enorme inyección de capital a los combustibles fósiles siguen presentes. La transición avanza, pero no es irreversible ni automática: requiere decisiones públicas valientes, vigilancia ciudadana y políticas que conecten la financiación con la descarbonización real.

Fuentes: BloombergNEF (informe sobre inversión en transición energética 2024), reportes sectoriales sobre ventas de vehículos eléctricos y notas de prensa internacionales. Datos citados y cifras agregadas según los informes públicos de 2024.

Con información e imágenes de: Milenio.com